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POEMAS
 
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WALT WHITMAN
POEMAS

Versión de Armando Vasseur
F. Sempere y compañía, Editores
VALENCIA
 
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Esta Casa Editorial obtuvo Diploma de Honor y Medalla de Oro en la Exposición Regional de Valencia de 1909 y Gran Premio de Honor en la Internacional de Buenos Aires de 1910.
Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y Comp.a—Valencia
 
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A MI HIJO HELIOS

 
Armando Vasseur
 
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Walt Whitman

     Los poemas cuya adaptación castellana ofrezco a mis lectores fueron escritos entre los años 1854-1888. La primera edición de las Hojas de hierba, en modesto in octavo, no pasaba de cien páginas. El mismo Whitman, en su condición de antiguo tipógrafo, compuso su propia obra[1].

     El poeta, que naciera en Long Island—isla sítuada frente a Nueva York—el 31 de Mayo de 1819, tenía entonces treinta y cinco años.

     Estimulado por los ensayos de Émerson, había soñado muchas veces en una forma lírica—capaz de descender a los más nimios detalles cotidianos y de remontarse a todas las plentitudes espirituales—, sin caer en la prosa ni en la poética tradicionales.

     Era un anhelo análogo al que describe Baudelaire en el prólogo de sus Poemas de prosa. La diferencia radica en los distintos temperamentos con que uno y otro tentaron su realización.

     Cláusulas de ritmo clásico, y sobria adjetivación en el francés; frases grandilocuentes, redundantes y bárbaras en el americano.

     Dicha forma no parecía tener más precedentes que ciertas jaculatorias de misales, algunas páginas aisladas de Chateaubriand, las sentencias de Kempis, los axiomas de los grandes

Note (1):  Leaves of Grass (Nueva York), Broklin 1855. 

 
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pensadores franceses—Pascal y La Rochefoucauld—, rápidos y musicales como versos, y sobre todo, los versículos de la Biblia, y de los fragmentos de himnos órificos y védicos [1], tal como circulan en las traducciones de los idiomas modernos.

     La «gran Idea» que Whitman se había forjado acerca de cómo debía ser el cantor de la democracia, no podía ser proyectada sobre las generaciones del nuevo mundo, después de deformarse a lo largo de las estrechísimas cañerías poéticas en boga.

     Había que comenzar por romper los moldes de la métrica medioeval. Había que revolucionar el antiguo régimen de las retóricas, a fin de dar al intelecto americano la libertad de creación y de expresión, como otros le habían dado ya la libertad política y civil.

     Para lograrlo era menester renunciar a la tradición poética europea; hacer tablarrasa de sus temas y de sus musiquillas verbales; volver a lo más antiguo, a lanzarse en lo desconocido...

     Walt Whitman, guiado por su extraordinario instinto poética remontó a las fuentes mismas de los grandes Evangelios, verdaderas canciones de cuna de las razas.

     «El bardo de la democracia», según él se consideraba, no era un poeta más. Debía ser el evangelista del Continente en formación, creador de valores nuevos, héroe, profeta y compañero de los hombres. Guía de los guías, consolador de los afligidos, pánico de los despotas, maravilla de los niños, encanto de los jóvenes, amigo de las esposas, consejero de los padres, glorificador de la vida y de la muerte.

     Para él, vivir no es conservarse, según entendía Schopenhauer, ni defenderse para no perecer, como postula Darwin. Vivir es desarrollarseñno a expensas de los demás y de sí—como diría Nietzsche un cuarto de siglo después, sino de

Note (1): Algunos poemas de W. Whitman parecen escritos por la misma mano que grabara El Bhaghavat Glizta. En otros se manifiesta como una reencarnación de Kalidassa

 
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sí. Y ya que la vida individual arraiga en un substrátum egolátrico tanto más absorbente cuanto más imperiosa es la personalidad—hacer de suerte que el altruísmo—, ilumina sus más sórdidas profundidades.

     Walt Whitman llevaba en sí el afán de vida y de amor que Wágner encarnó en Sigfrido. Su genio floreció en plena juventud el grano de sabiduría que Fausto cosechara en la vejez: amar la vida sobre las imágenes de ella que se marchitan entre las hojas de los libros.

     Preferir la sonrisa de la hija del guardián a los tesoros ocultos en los sótanos bancarios.

     Proyectar de sí formidables amaneceres de soles para regocijo de las humanidades presentes y futuras.

     Después de haber estudiado a los más grandes maestros de las edades, anhelar que ellos pudieran venir a su vez a estudiarle. Manifestarse en todo como un Dios.

     Acertar con la forma literaria adecuada al tono y a los múltiples sentidos de su «buena nueva» era empresa antes la cual empalidecían todas las Hércules.

     Cuarenta años transcurrieron, densos, eléctricos, antes que Whitman moldeara definitivamente las intuiciones torrenciales y con frecuencia contradictorias de su genio.

     Cuarenta años de luchas con el verbo y el ritmo, de variantes y de refundiciones incesantes.

     Diez ediciones de las Hojas de hierba vieron la luz en vida de Whitman. Á cada nueva edición el libro crecía, se transformaba, tornábase de más en más monumental. Pero siempre era el mismo libro.

     La idea niveladora, el amor por los hombres comunes, el ennoblecimiento de todas las variedades del profanum vulgus, la pasión de la Naturaleza y de la libertad humana, el culto

 
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religioso del trabajo manual, estallando en himnos a todos los oficios, la apoteosis del sensualismo fecundo y de la belleza física, centellean en sus poemas como la espada del Arcángel a la entrada del Paraíso perdido de Milton.

     La música sinfónica que solivanta sus versículos es comparable a la de los más potentes acordes de Wágner.

     Ciertos pasajes de algunos de sus cantos sobrepujan en brío y en trascendencia a los más próceres de todos los timepos. Sólo Nietzsche en el poema de Los siete sellos alcanza la altura y el vuelo líricos del yanqui.

     Á pesar de su silencio al respecto, más de una vez he creído reconocer simientes de las Hojas de hierba reverdeciendo en las faldas de la montaña de Zaratustra.

     Los poemas de Walt Whitman eran conocidos en Alemania antes de 1868. El poeta Freiligrath había ya publicado un estudio acerca del aeda democrático en la Allgemeinen Zeitung.

     Nietzsche por esos días se hallaba en Léipzig. Aun no había sido nombrado profesor de filología en Bale (1869). Su primera obra, El origen de la tragedia, aprareció en 1872; la Gaya Ciencia, en 1882; Aurora en 1886; y la primera parte del Zaratustrala escribió en 1883. Las cuatro partes conocidas de dicha epopeya aparecieron de 1883 a 1886.

     Según el plan de Nietzsche inserto en la edición de sus Obras póstumas (t. XII), el Zaratustra debía constar de seis partes. El capítulo final de la sexta parte corta del modo más completo el viejo nudo de sus contradicciones.

     En él, Zaratustra anuncia a los hombres congregados a su alrededor que la lucha de clases ha concluído, lo propio que la moral de los dominadores. Afirma que en ese plano de la evolución, la especie humana tiene una sola tabla y un solo ideal. Tras reiterar su esperanza en la aparición del Superhombre, proclama su nueva fe: que la vida volverá a comenzar[1]. En seguida les pregunta: ¿Queréis todo eso una vez

Note (1): Es la famosa idea del Retorno que Nietzsche creía haber sido el primero en imaginar (1881). Antes que él, Kievldeergaard había escrito: El que desea recomenzar, ese es un hombre. W. Whitman, veinte años antes, repite la misma idea, con leves variantes, en distintos poemas. 

 
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más? Todos contestan: ¡Sí! Y Zaratustra muere de alegría. En este extraño desenlace parécese percibir más la influencia del numen democrático de Whitman, que la del gran Fichte, de Hölderlin y de Émerson, autores predilectos de su juventud.

     El cosmos yanqui era, en su vida y en su naturaleza, lo que el poeta germano había soñado ser: la fuerza y la dulzura, la belleza y el desinterés.

     Walt Whitman ejerció de enfermero voluntario durante la guerra de Secesión. En los hospitales de Wáshington contrajo la enfermedad que minando su organismo titánico degen eró en treinta años de parálisis.

     Nietzche fué también enfermero durante la guerra francoprusiana (1870-71). Á las emociones de esa época y al abuso ulterior de cloral se atribuye la demencia que idiotizó sus últimos años.

     Ambos son, a mi juicio, los líricos máximos del siglo pasado. El alemán, con las limitaciones que le imponía sus criticismo filosófico y las complejidades de su gran cultura clásica. El yanqui con los deslumbramientos de su trascendentalismo religioso y las ingenuidades de su augusta autodidaccia.

     Aquél,concentrado y explosivo, a semejanza de los inflamables de los arsenales prusianos; éste, desbordante y por momentos monótono, como las cataratas de su patria.

     Á su lado, Hugo, Leconte de Lisle, Swimburne, Carducci, Junqueiro, Rapisardi, parecen poetas regionales. Poetas, en el sentido más convencional y europeo de la palabra.

 
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     La influencia de W. Whitman es ya universal. Traducidas al italiano, al alemán, al francés, al castellano, sus imágenes y sus cópulas de adjetivos conservan el relieve primitivo. El verslirismo moderno es uno de los tantos efectos de su obra.

     Mætterlinck y Verhaeren en Bélgica; Rapisardi; D'Annunzio, los «futuristas» en Italia; Laforgue, Viele Griffin y los «poetas sociales» en Francia; Miers, Rossetti, Carpenter, en Inglaterra; Unamuno, y quizá Alomar, en España; Darío y Lugones en América, le deben diversas y profundas sugestiones.

     Yo podía haber seguido silenciosamente tan ílustres ejemplos sin exponerme a pasar por tradittore...

     Me ha parecido más original correr este último albur...

     ¿Qué importa el individuo si quien guía es espíritu?

     Canta el poeta.

     ¡Bendita sea la tempestad de su arte, si logra airear la atmósfera literaria hispanoamericana, tan recargada de emanaciones gallináceas!

     A. VASSEUR.

     San Sebastián, Febrero 1912.

 
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      Detrás de todo Adiós se oculta, en gran parte, el saludo de un Comienzo nuevo.

      Para mí, el Desarrollo, la Continuidad, la Inmortalidad, la Transformación constituyen los temas y las significaciones capitales de la Naturaleza y de la Humanidad.

     Walt Whitman.

 
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POEMAS


 
En el mar, sobre las naves

         En el mar, sobre naves alveoladas de camarotes,
         El azul sin límites se extiende por doquiera,
         Con los vientos que silban y la música de las ondas, de las
grandes imperiosas ondas;

         O bien, en alguna barca solitaria, llevada sobre el denso
mar,

         O gozoso y lleno de fe, desplegando sus blancas velas,
         En el barco que hiende el éter entre la espuma relampa-
gueante del día, o de noche, bajo las innumerables estrellas,

         Quizá será leído por marineros jóvenes o viejos, como un
recuerdo de la tierra,

         En plena concordancia con mi fin.

         «He aquí nuestros pensamientos, los pensamientos de los
que navegan,

         No es sólo la tierra, la tierra firme la que aparece,
         En este libro—podrán decir entonces—
         También se extiende y arquea la cúpula del cielo; senti-
mos el ondulante puente debajo de nuestros pies,

         Sentimos la larga pulsación, en movimiento eterno del re-
flujo y de la ola,

         Los acentos de misterio invisible, las vegas y vastas su-
gestiones del mundo oceánico, las sílabas líquidas que se
derraman,

         El olor, el ligero crujimiento del cordaje, el melancólico
ritmo,

         La perspectiva ilimitada, el horizonte fosco y lejano están
aquí

         En este poema del Océano.»
 
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         No titubees, pues, ¡oh libro! cumple tu destino,
         Tú que no eres sólo un recuerdo de la tierra;
         Tú que también eres como una barca solitaria, hendiendo
el espacio, hacia un fin que ignoro, y no obstante llena de fe.


         Navega tú también en conserva, con cada navio que na-
vega,

         Llévales mis cariños (para vosotros, queridos marineros, los
he encerrado en cada una de estas hojas);

         ¡Marcha bien, libro mío! Despliega tus blancas velas, mi
pequeña barca, sobre las ondas imperiosas,

         Prosigue tu cántico y tu marcha, lleva de mi parte,
         Sobre el gran azul ilimitado de los mares,
         Este canto, para todos los marineros, y para todas sus
naves.



 
Á una locomotora

         ¡Tú serás el motivo de mi canto!
         ¡Tú, tal como te presentas en este instante, entre las borras-
ca que avanza, la nieve que cae el día de invierno que de-
clina,

         Tú, con tu armadura, tu doble y cadenciosa palpitación y
tu convulsivo latir;

         Tu cuerpo negro y cilíndrico, tus cobres brillantes como el
oro, tu acero límpido como plata;

         Tus pesadas barras laterales, tus bielas paralelas, cuyo
vaivén anima tus flancos a modo de lanzaderas;

         Tu jadeo y tu gruñir rítmicos, que ora se agrandan, ora
decrecen a la distancia;

         Tu gran reflector fijando en medio de tu negro frontal;
         Tus oriflamas de vapor que flotan, largas y pálidas, ligera-
mente purpuradas;

         Las densas nubes negras que vomita tu chiminea;
         Tu osatura bien ligada, tus resortes y tus válvulas, el vér-
tigo de tus ruedas temblorosas;

         La procesión de vagones que te sigue obediente,
         A través de la tempestad o de la calma, ora rápidas, ora
lentas, corriendo sin desfallecer.

 
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         Tipo del mundo moderno—emblema del movimiento y de
la potencia—pulso de continente;

         Ven a secundar a la musa, a amalgamarte en esta es-
trofa, tal como ahora te contemplo,

         Con la borrasca y las ráfagas que tratan de rechazarte y
la nieve que cae;

         Con la campana que haces resonar para advertir tu paso
durante el día,

         Y por la noche, con las mudas linternas en tu frente osci-
lante.


         ¡Belleza de voz feroz!
         Rueda a través de mi canto con toda tu música salvaje,
         Con tus linternas oscilantes en la noche,
         Con la risotada de tus locos silbatos que retumban desper-
tándolo todo a semejanza de temblores de tierra;

         Nada más completa que la ley que te rige, ni más recta (a
pesar de sus curvas) que la vía que sigues:

         (La bonachona dulzura no es para ti, ni el lloriqueo de las
arpas, ni las tonterías de los pianos),

         Tus trinos de penetrantes gritos, las rocas y las colinas te
los devuelven,

         Los lanzas más allá de las vastas praderas a través de los
lagos.

         ¡Hacia los cielos libres, desenfrenados, gozosos y fuertes!


 
Chispas emergidas de la rueda

         En este barrio de la ciudad donde la multitud circula todo
el día

         Me aproximo a un grupo de chicuelos que, apartado un
tanto del tráfico, miran algo que rodean.

         Contra el borde de la acera, donde terminan las losas
         Un afilador, con un cuchillo entre las manos,
         Inclinando sobre la piedra, afirma atentamente el acero
contra ella, en tanto como el pie y la rodilla

         La hace girar rápidamente, con un movimiento igual,
 
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         Mientras se desprenden, en abundante lluvia de oro,
         Las chispas que emergen de la rueda.

         ¡Cómo me cautiva y me conmueve esta escena con todos los
detalles que la componen!

         El viejo afilador de faz triste y menton anguloso, con su
ropa usada y su largo delantal de cuero,

         Yo mismo, con mis efluvios y mi fluidez, fantasma que
flota extrañamente, en este instante, detenido y absorto,

         El grupo (un punto perdido en el vasto maremágnum que
circula),

         Los chicuelos atentos y recogidos, el sordo rumor altanero,
persistente de la calle,

         El ronco y sofocado chirriar de la piedra que gira, la hoja
de acero, ligeramente apoyada,

         Esparciendo, proyectando a ambos lados, en minúsculas
cascadas de oro,

         Los relámpagos que emergen de la rueda.


 
Desbordante de vida, ahora

         Desbordante de vida, ahora, densa y visible,
         en el año cuarenta y uno de mi existencia, en el año
ochenta y tres de estos Estados,

         A alguien, que vivirá dentro de un siglo, en cualquier nú-
mero de siglos,

         A vos, que aun no habéis nacido, dedico estos cantos es-
forzándome por alcanzaros


         Cuando leáis esto, yo que ahora soy visible me habré tor-
nado invisible;

         Entonces seréis vos, denso y visible, quien se dará cuenta
de mis poemas, quien se esforzará en alcanzarme,

         Imaginándoos cuán feliz serías si me fuera dado estar á
vuestra era, y convertirme en vuestro camarada;

         Que sea, pues, como si estuviera a vuestro lado. (No creáis
demasiado que no estaré entonces a vuestro lado.)

 
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Canto de la vía pública

         A pie, con el corazón ligero, huello a la vía pública;
         Franco y salubre el mundo se dilata ante mi;
         El largo camino de tierra bruna que diviso, se extienda
hasta donde me plazca ir.


         En adelante no esperaré más la suerte; yo mismo seré la
suerte.

         En adelante, no lloriquearé más, no tendré más necesidad
de nada.

         Estoy harto de las dolencias que huelen a cuartos cerra-
dos, de bibliotecas y de críticas fastidiosas;

         Alegre y fuerte recorro la vía pública.

         La tierra, y basta.
         No deseo que las constelaciones estén más próximas.
         Sé que están muy bien allá donde están,
         Sé que ellas bastan a aquellos a quienes pertenecen.

         (También por aquí llevo conmigo mi antigua y venturosa
carga.
Sí; llevo los hombres y las mujeres, los llevo conmigo don-
dequiera que vaya.

         Juro que no me es posible abandonarlos.
         Estoy lleno de ellos y quiero saturarlo a mi vez.)

         Tú, vía por la que me encamino, paseando las miradas á
mi alrededor, no creo que seas lo único que hay por aquí:

         Creo que aquí existen igualmente muchas cosas invisibles.

         He aquí la lección profunda de la aceptación, sin preferen-
cias ni repulsas,

 
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         Los negros de cabezas lanudas, los criminales, los enfer-
mos, los incultos uo son rechazados;

         La mujer que alumbra, la corrida en busca del médico, el
mendigo que anda, el ebrio que titubea, el grupo de obreros
con sus carcajadas;

         El adolescente que escapa, el carruaje del ricacho, el dan-
dy, la pareja prófuga,

         El hombre matinal que anda por los mercados, el carro fú-
nebre, la mudanza del que se ausenta para la ciudad, la parti-
da de la ciudad;

         Todo eso pasa, y yo también paso indistintamente;
         Nada puede ser prohibido,
         Todo es aceptado, todo me es simpático y agradable.

         ¡Tú, aire que me brindas al aliento para hablar!
         ¡Vosotros, objetos que pecáis del estado difuso y dais for-
ma a cuanto quiero decir!

         ¡Tú, luz que me envuelves a mí y a lo demás, en tus deli-
cadas ondas iguales para cada cual!

         ¡Vosotros, senderos trazados por los pasos en los altibajos
irregulares al borde de las rutas!

         Creo que estáis penetrados de invisibles existencias.
         (¡Me sois tan queridos!)
         ¡Vosotras, embaldosadas avenidas de las ciudades! ¡¡Vos-
otros, sólidos bordes de las aceras!

         ¡Vosotros, bancos! ¡Vosotras, estacas y maderas de los
muelles!

         ¡Vosotras, urnas guarnecidas de madera en las que se en-
cajan las chatas fluviales! ¡Vosotros, naves a lo lejos!

         ¡Vosotras, hileras de casas! ¡Vosotras, fachadas
sembradas de ventanas!

         ¡Vosotros, pórticos y puertas! ¡Vosotros, techos y enre-
jados!

         ¡Vosotras, ventanas cuyos vidrios transparentes dejarían
ver tantas cosas!

         ¡Vosotras, piedras grises de las calzadas interminables!
¡Vosotras, pisoteadas encrucijadas!

         De cuantos os han hollado creo que algo habéis conserva-
do en vosotros, y ahora querréis comunicármelo en secreto;

         Con vivos y con muertos habéis poblado vuestra impasible
superficie; los espíritus de unos y de otros ahora quierrían ma-
nifestarme su presencia y amistad.

         A la derecha y a la izquierda se extiende la tierra
 
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         El cuadro es viviente, cada una de sus partes se muestra
en la mas clara luz.

         Dócilmente la música suena allí donde se la llama, y calla
donde no;

         Gozosa es la voz de la ruta común, fresco y alegre es el
sentimiento de la ruta.


         ¡Oh gran ruta que recorro! ¿eres tú quien me dice: No me
abandones?

         Dices: No te inquietes.
          ¡Si me dejas te perderás!
         Dices: ¡Ya estoy pronta,
          Me siento hollada por todos y nadie me contesta; fíate
en mí!


         ¡Oh vía pública!—te contesto—; no tengo miedo de abando-
narte, y sin embargo te amo.

         Me manifiestas mejor de lo que yo mismo puedo manifes-
tarme;

         Serás para mí más que mi poema.

         Pienso que todas las acciones heriocas fueron concebidas
en pleno aire, lo propio que todos los libres poemas.

         Pienso que yo mismo podría detenerme y realizar mi-
lagros.

         Pienso que amaré todo lo que encuentre por la ruta, y que
cualesquiera que me mire me amará.

         Pienso que cuantos veo deben ser forzosamente felices.

         A partir de ahora me liberto de los límites y de las reglas
imaginarias.

         Iré donde me plazca, seré mi señor total y absoluto.
         Escucharé a los otros, examinaré atentamente lo que
dicen.

         Me detendré, escrutaré, aceptaré, meditaré
         Y suavemente, con una irresistible voluntad, me sustraeré
á los compromisos que quisieran detenerme.

 
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         Aspiro grandes bocanadas de espacio,
         El Este y el Oesto son míos, el Norte y el Sur son míos.

         Soy más grande y mejor de lo que había imaginado,
         No sabía que atesorara en mi tantas buenas cosas.

         Todo me parece admirable,
         Puedo repetir sin cesar a los hombres y a las mujeres:
         Me habéis hecho tanto bien, que querría devolveros otro
tanto;

         Quiero absorber fuerzas nuevas a lo largo de la ruta para
mí y para vosotros,

         Quiero, a lo largo de mi ruta, dar lo mejor de mi a las mu-
jeres y a los hombres.


         Quiero esparcir entre ellos una nueva felicidad y una ru-
deza nueva;

         Si alguien me rechaza, no por ellos me turbaré;
         Quienquiera que me acepte, ese o esa, será bendito y me
bendecirá.


         Si ahora se presentaran un millar de hombres perfectos,
eso no me sorprendería.

         Si ahora se presentaran un millar de mujeres de cuerpo
admirable, eso no me asombraría.

         Porque ahora descubro el secreto que preside la formación
de individuos superiores.

         Es desarrollarse en pleno aire, comer y dormir en com-
pañía de la tierra.


         Aquí hay sitio para la manifestación de un gran perso-
nalidad.

         (Semejante destino se apodera del corazón de toda la raza
de los hombres.)

         La fuerza y la voluntad que difunde, sumergen las leyes,
rechazan las autoridades y los argumentos coligados contra
ella.)


         Aquí se pone a prueba la sabiduría.
         La sabiduría no se pone a prueba en las escuelas.
 
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         La sabiduría no puede ser transmitida por el que la posee
al que no la posee.

         La sabiduría es del resorte del alma, no es susceptible de
prueba, ella misma es su propia prueba.

         Se aplica a todos los grados, objetos, cualidades, y perma-
nece satisfecha,

         Es la certidumbre de la realidad y de la inmortalidad de
las cosas, es la excelencia de las cosas;

         Hay algo en el móvil espectáculo del mundo que la hace
emerger del alma.


         Ahora analizo las filosofías y las religiones:
         Pueden parecer muy buenas en las salas de conferencias,
         Y sin embargo, no significar nada bajo las vastas nubes,
frente al paisaje y a las aguas corrientes.

         Aquí es donde nos damos cuenta;
         Aquí es donde el hombre siente sus concordancias,
         Comprende lo que en sí encierra;
         El pasado, el futuro, la majestad, el amor.
         Si eso suena a hueco en vosotros, es porque vosotros es-
táis vacíos de ello.


         Lo único que nutre es la simiente oculta en el corazón de
cada objeto.

         ¿Dónde está el que arrancará la suya para vosotros y
para mí?

         ¿Dónde está el que desenvolverá la estratagemas y deshará
las envolturas para vosotros y para mí?


         Aquí es donde los afectos se manifiestan; no son prepara-
dos de antemano; sobrevienen de improviso.

         ¿Sabéis lo que es ser amados, por extranjeros, cuando
pasáis?

         ¿Conocéis la elocuencia de las pupilas que se vuelven para
miraros?


         Aquí se expande el alma.
         La expansión del alma emana de lo interno, a través de
portales enguirnaldados de follajes provocando incesantes
cuestiones.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 24] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¿Por qué estos ímpetus? ¿Por qué estos pensamientos en
las tinieblas?

         ¿Por qué existen hombres y mujeres hechos de tal suerte
que cuando se hallan a mi lado el sol dilata mi sangre?

         ¿Por qué cuando me abandonan, mis llamas de alegría de-
clinan blandas y chatas?

         ¿Por qué hay árboles debajo de los cuales nunca me paseo
sin que amplios y melodiosos pensamientos desciendan so-
bre mi?

         (Estoy por creer que quedan suspendidos de esos árboles
invierno y verano, y dejan caer siempre sus frutos cuando yo
paso.)

         ¿Qué es, pues, lo que intercambio tan repentinamente con
los extranjeros?

         ¿Con ese cochero, cuando me siento a su lado en el pes-
cante?

         ¿Con ese pescador que arroja su anzuelo o su red en la
ribera, cuando pasando a su lado me detengo a contemplarle?

         ¿Qué es lo que hace que me sienta libremente abierto a la
simpatía de un hombre o de una mujer?

         ¿Qué es lo que hace que estén libremente abiertos a mi
simpatía?


         La expansión del alma es la felicidad; aquí está la feli-
cidad.

         Creo que llena el aire, que permanece en perpetua espera,
         En este momento fluye en nosotros, ya rebosamos de ella.

         Aquí se expande el imperio fluido de la simpatía.
         El fluido carácter de la simpatía que crea la franqueza y la
suavidad del hombre y de la mujer.

         (Las hierbas manatiales no germinan más frescas ni más
suaves cada día, desde el fondo de sus raíces, que la frescura
y la suavidad con que ella surge por sí, continuamente.)


         Presto los fluidos de la simpatía hacen trasudar de amor á
los jóvenes y a los viejos,

         Hace filtrar gota a gota este encanto que se ríe de la belle-
za y de los talentos.

         Suscita el deseo trémulo y doloroso del contacto.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 25] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         ¡Vamos! Quienquiera que seáis, ¡en marcha conmigo!
         Viajando a mi lado encontraréis lo que nunca fatiga.

         La tierra, jamás fatiga. La tierra es ruda, taciturna, in-
comprensible al principio.

         La Naturaleza es ruda e incomprensible al principio;
         No os descorazonéis; continuad. Las cosas divinas siem-
pre yacen ocultas.

         Yo os juro que las cosas divinas ocultas en su seno, son
más bellas que lo pueden decirlo las palabras.


         ¡Vamos! No debemos hacer alto aquí,
         ¡Por más gratas que sean las reservas aquí acumuladas, por
más deleitosa que sea esta residencia, no podemos quedarnos;

         Por resguardado que sea este puerto, por más calmosas
que parezcan sus aguas, no debemos echar el ancia aquí;

         Por halagüeña que fuere la hospitalidad que nos brinden,
no podemos aceptarla más que de paso.

         ¡Vamos! Grandes serán las tentaciones,
         Pero más grandes deberán ser los móviles que nos esti-
mulen.

         Navegaremos mares inhollados y salvajes.
         Iremos donde soplen los vientos, donde se estrellen furio-
samente las ondas, y el velero del yanqui vuele con todas
sus velas desplegadas.


         ¡Vamos! Con potencia y con libertad, con la tierra y con
los elementos.

         Con salud, con osadía, con entusiasmo, con orgullo y con
curiosidad;

         ¡Vamos! ¡Saltemos por encima de las fórmulas, clérigos materialistas
de ojos de murciélagos.

         El cadáver putrefacto obstruye el paso;
         No esperemos más para sepultarlo.

         ¡Vamos! ¡Más oídme antes!
         El que viaja conmigo ha menester una sangre óptima,
gallardía y perseverancia.

         Nadie ose acompañarme en la prueba si no posee coraje y
salud,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 26] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         No se arriesguen los que han gastado lo mejor de sí;
         Sólo pueden venir los que poseen un cuerpo puro y re-
suelto.

         Los enfermos, los alcohólicos, los podridos por el mal ve-
néreo no serán de los nuestros.


         ¡Yo y mis iguales no convencemos con argumentos, con
comparaciones ni con estrofas rimadas.

         Convencemos con nuestra presencia!

         ¡Escuchad! Quiero ser sincero con vosotros;
         No os ofrezco los fáciles premios del pasado, os brindo los
rudos premios del presente,

         Los días que viviréis serán así:
         No acumularéis lo que se llama riqueza,
         Dispersaréis con mano pródiga cuando ganéis con vuestro
sudor o vuestros méritos,

         Apenas llegados a la ciudad, a la tierra prometida, apenas
instalados en una y otra a vuestro agrado, un ímpetu irresis-
tible os esforzará a abandonarlas.

         Entonces, y siempre, oiréis las risas sarcásticas y las san-
grientas burlas de los sedentarios y de los que queden detrás;

         Si notáis algunos gestos de cariño, sólo contestaréis con
apasionados besos de adiós.

         ¡No permitiréis que os retengan algun os abran y tien-
dan los brazos con amor!


         ¡Vamos! ¡Junto con los grandes compañeros, para conver-
tirnos en uno de ellos!

         También ellos siguen la ruta,
         Los hombres, esbeltos y admirables; las hembras, majes-
tuosas,

         Que aman los mares tranquilos lo mismo que las olas tem-
pestuosas,

         Que han navegado sobre tantas naves, y recorrido tan-
tas leguas de tierra firme,

         Los viajeros de remotos países, los frecuentadores de leja-
nísimas moradas,

         Que confían en los hombres y en las muejres, observan las
ciudades, y los laboriosos solitarios,

         Los que se detienen a contemplar las hierbas silvestres,
las flores, y las conchas playeras,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 27] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Los que bailan en las bodas, abrazan a la desposada, acari-
cian tiernamente a los niños, y por momentos hacen de ayos,

         Los soldados de la rebelión, los contempladores de las
fosas recién abiertas, los que ayudan a bajar la ataúd;

         Que viajan durante estaciones y años consecutivos,
         Estos curiosos amigos, cada uno de los cuales emerge del
que le ha precedido,

         Andando, con los diversos aspectos de ellos mismos, como
con otros tantos compañeros,

         Andando, desde el fondo de su primera edad latente, é
inconsciente,

         Andando, con su juventud, con su virilidad barbuda é
impertérrita.

         Andando, con su femenilidad, amplia, insuperada, feliz,
         Andando, con su vejez sublima de hombre o de mujer,
         Veréz calmosa, dilatada, llena de la augusta majestad del
universo,

         Vejez que avanza libremente como soliviantada por la de-
liciosa y próxima libertad de la muerte.


         ¡Vamos! Hacia lo que no tiene fin, ni tuvo principio,
         A sufrir lo indecible en la laxitud de los días y en el repo-
so de las noches,

         A anegarlo todo en la ruta que engloba los contrastes y
los obstáculos, en los días y en las noches del viajar,

         A resumirlos en cada nueva etapa, en partidas para más
grandes viajes,

         A no ver ni saber de cosa alguna que podáis alcanzar y
ultrapasar,

         A no concebir tiempo, por lejano que sea, que no os sea
dado vivir y preterizar,

         A no alzar ni bajar nuestras miradas sobre ruta alguna
que no se extienda para que la holléis,

         Que por larga que sea no se extienda para que la finalicéis,
         A no ver existencia, sea la de Dios o de quienquiera, que
vosotros no podáis realizar,

         A no contemplar posesión que no podáis poseer, a disfru-
tar de todo sin trabajo ni compra, gozando de la fiesta sin
sustraer un adarme de ella,

         A elegir lo mejor de la granja del colono, de la elegante
villa del rico, de las castas alegrías de los desposados, de las
frutas de los vergeles, de las flores de los jardines,

         A llevar con vosotros las multitudes de las ciudades que
atravesaréis,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 28] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Los edificios, las calles, los monumentos, las ruinas,
         A asir el espíritu de los hombres en el fondo de sus cere-
bros, a medida que os crucéis con ellos, y los cariños en el
fondo de su corazón,

         A llevaros vuestros amigos a lo largo de la ruta, a pesar de
que ellos permanezcan estacionarios donde los halléis,

         A considerar el universo mismo com o una ruta, una uni-
versidad de rutas, de rutas para las almas migradoras.


         El origen de todo arranca del viaje de las almas:
         Todas las religiones, todas las cosas sujetas a la pesantez y
á la gravitación, las artes y los gobiernos,

         Todo lo que fué y es, en este globo o en cualquiera otro
globo,

         Se oculta en escondrijos y en rincones, ante la procesión
de las almas desfilando por las grandes rutas del universo


         Todos los demás viajes y progresos no son sino el emblema
y la contraseña del viaje de las almas por las grandes rutas
del universo.


         ¡Siempre vivos! ¡Adelante siempre!
         Graves, orgullosos, melancólicos, escarnecidos, locos, tur-
bulentos, débiles, descontentos,

         Desesperados, altivos, amorosos, enfermos, aceptados y
rechazados por los hombres,

         ¡Todos van! ¡Van! ¡Yo sé que van; lo que ignoro es dón-
de van!

         ¡Sé que van hacia lo mejor!
         ¡Hacia algo grande!
         ¡Quienquiera que seáis, salid fuera!
         ¡Hombre o mujer, avanzad!
         No debéis quedaros a dormir o a tontear en casa, aunque
la hayáis construído con vuestras manos, o la hubieran cons-
truído para vos.


         ¡Salid de los umbrosos retiros! ¡Salid de entre los corti-
najes!

         Es inútil que protestéis, lo sé todo, y os lo manifiesto.
         Mirad dentro de vosotros los estragos del reposo:
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 29] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         A través de las risas, de las danzas, de las comidas y de
las cenas populares

         Debajo de los trajes, de los ornamentos, de las caras lava-
das y teñidas.

         Mirad, silenciosos, ocultos, el disgusto y la desesperación
         Ni marido, ni mujer, ni amigo, son bastante seguros para
escuchar la confesión;

         Un otro yo, un doble de cada cual es el que, a pasos furti-
vos, ocultando y disimulando su ser,

         Anda amorfo y sin voz por las calles de las ciudades, cor-
tés y dulzón en los salones,

         En los vagones de los ferrocariles, en los vapores, en las
reuniones públicas,

         En las casas de los hombres y de las mujeres, en la mesa,
y en el lecho, por todos lados:

         Se presenta correcto, sonriente, el talle erguido, con la
muerte en el pecho y el infierno debajo del cráneo,

         Bajo las sábanas finas, y los guantes, bajo las cintas y las
flores artificiales,

         Respetuoso de las costumbres, mudo respecto de su per-
sona,

         Hablando de todo en sociedad, pero jamás de sí.

         ¡Vamos! ¡A través de las luchas y de las guerras!
No podemos abandonar la conquista de la meta.


         ¿Habláis del éxito de las pasadas luchas?
         ¿Qué es lo que ha tenido éxito? ¿Vosotros? ¿Vuestra nación?
         ¿La Naturaleza?
         Escuchadme bien: la esencia de las cosas y las empresas es
tal, que a pesar de todo éxito recogido, sea éste cual fuere,
deben surgir otras cosas y otras empresas, engendradoras de
mayores esfuerzos.


         Mi vocación es vocación de batalla; mi canto es toque de
clarín. Yo engendro rebelión activa.

         El que venga conmigo debe venir bien armado.
         ¡El que venga conmigo tendrá a menudo por compañeros
el hambre, la pobreza, la enemistad y el abandono!

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 30] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         ¡Vamos! ¡La ruta se abre ante nosotros!
         Es segura, yo la he recorrido, mis pies la han probado cui-
dadosamente:

         ¡Que nada os detenga!
         ¡Queden las cuartillas vírgenes sobre el escritorio, y el libro
sin abrir en su anaquel!

         ¡Queden las herramientas en el taller! ¡Quede el dinero sin
ser ganado! ¡Quede la escuela en su sitio! ¡No hagáis caso de
los gritos de maestro!

         ¡Que el predicador predique en el púlpito! ¡Que el abogado
abogue en el tribunal! ¡Que el juez interprete la ley!


         ¡Camarada! ¡He aquí mi mano! Te doy me cariño, más pre-
cioso que el oro,

         Te doy mi ser por completo, en vez de prédicas o de leyes.
         ¿Quieres darte a mí? ¿Quieres venir a viajar conmigo?
         ¡Seguiremos juntos y unidos tanto como duren nuestras
vidas!



 
Ciudad de orgías

         Ciudad de orgías, de baladas y de alegrías,
         Ciudad, algún día ilustre porque yo he vivido y cantado
en tu seno,

         No son tus pompas, tus cambiantes cuadros ni tus espectá-
culos, los que me pagan mis cantos,

         Ni las interminables hileras de tus edificios, ni las naves
de tus muelles,

         Ni los desfiles en tus avenidas, ni las vidrieras llenas
de mercaderías,

         Ni el conversar con personas instruídas, ni asistir a fiestas
y saraos.

         No. Nada de eso. Pero cuando paso, ¡oh Mannahatta! el fre-
cnente y rápido relámpago de los ojos que me brindan afecto,

         Que se cruzan con mis relámpagos,
         Eso me alegra y me satisface.
         Amigos, un perpetuo cortejo de amigos, basta para que
me sienta retribuido, pagado.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 31] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
El himno que canto

         El himno que canto
         Hecho de contradicciones lo consagro a la nacionalidad.
         Dejo en él el germen de la rebeldía. (¡Oh derecho latente
á la insurrección! ¡Oh el inextinguible, el indispensable
fuego!)



 
Una marcha en las filas

         Una marcha en las filas con el enemigo que nos asedia,
por una ruta desconocida.

         Atravesamos un bosque espeso en cuyas tinieblas se apaga
el ruido de los pasos;

         Nuestro ejército ha tenido grandes pérdidas en un comba-
te, y el resto marcha sombriamente en retirada;

         Pasada la noche, vislumbramos el resplendor de un edifi-
cio débilmente iluminado;

         Llegamos a un espacio descubierto en mitad del bosque,
en el que hacemos alto, junto al edificio de pequeñas luces.

         Es una grande y vieja iglesia, construída en la encrucijada
de los caminos, ahora transformada en hospital.

         Penetro un instante en ella y veo un espectáculo que so-
brepuja todos los cuadros y todos los poemas;

         Sombras del negro más intenso, más opaco, aclaradas
apenas por bujías y lámparas portátiles que llevan de un lado
á otro,

         Y por una gran antorcha fija de resina que proyecta fan-
tásticas llamas rojas y nubes de humo;

         A su resplandor percibo vagamente grupos de formas hu-
manas amontonadas de trecho en trecho, unas extendidas en
el suelo, otras sobre los bancos de la iglesia;

         A mis pies percibo más distinctamente un soldado, casi un
niño que agoniza desangrándose (ha recibido un balazo en el
abdomen).

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 32] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Restaño sumariamente la sangre (el muchacho tiene el
rostro blanco como un lirio).

         Luego, antes de irme, abarco la escena de una ojeada, con-
tengo de absorberla íntegra,

         Las caras, la variedad de los grupos, las actitudes que
desafían toda descripción, la mayoría de los yacentes sumer-
gidos en la sombra, algunos muertos,

         Los cirujanos en tren de operar, los enfermeros con las
luces, relentes de éter mezclados con olor de sangre,

         Los montones de víctimas y los montones de cuerpos en-
sangrentados que llenan la iglesia y el atrio,

         Unos acostados sobre las losas, otros sobre las tablas, y
camillas;

         Algunos sudando su agonía en los espasmos de la muerte,
         De rato en rato, un gemido o un grito, los médicos que
llaman u ordenan en alta voz,

         Los pequeños instrumentos de acero relucen al paso de
las antorchas,

         Todo eso lo vuelvo a ver al releer este canto, reveo los
cuerpos, aspiro aquel olor;

         De pronto oigo fuera la voz de los jefes: Formar filas, for-
mar filas;

         Antes de salir me inclino hacia el niño que agoniza, sus
ojos se abren y me sonrie a medias;

         Después cierra los ojos, los cierra serenamente, y yo me
lanzo a las tinieblas,

         Para ocupar mi puesto, y marchar, marchar siempre bajo
la noche, en las filas que avanzan,

         Para seguir hollando la ruta desconocida.


 
Apartando con las manos la hierba de las praderas

         Apartando con la mano la hierba de las praderas y respi-
rando su olor característico.

         Le pido concordancias espirituales;
         Le pido el más copioso y estrecho compañerismo entre los
hombres,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 33] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Le pido que se eleven las briznas de hierba de las palabras,
de los actos, de los individuos,

         Los del aire libre, rudos, asoleados, francos, nutricios,
         Los que siguen su camino, con el torso recto, que avanzan
con libertad y autoridad, los que preceden en vez de seguir,

         Aquellos a quienes anima una audacia indomable, cuya
carne es fuerte y pura, limpia de manchas,

         Los que miran negligentemente en pleno rostro a los
presidentes y a los gobernadores como para decirles: ¿Quién
sois?

         Aquéllos, llenos de una pasión nacida de la tierra, los sim-
ples, los despreocupados, los insumisos,

         Los de la América interior.


 
Ciudad de los navíos

         ¡Ciudad de los navíos!
         ¡Oh los navíos negros! ¡Oh los navíos indómitos!
         ¡Oh los espléndidos vapores y los veleros de afilada proa!
         ¡Ciudad de los éxodos!
         Pues aquí concluyen todas las razas
         Aquí todos los países de la tierra colaboran.
         ¡Ciudad del mar! ¡Ciudad de los flujos precipitados y cam-
biantes!

         ¡Ciudad en la que las mareas pulsan sin cesar, entrando y
saliendo en torbellinos sembrados de remolinos y de espuma!

         ¡Ciudad de los muelles atestados de almacenes y de merca-
derías!

         ¡Ciudad de las fachadas gigantes de mármol y de hierro!
         ¡Ciudad altiva y apasionada!
         ¡Ciudad fogosa, loca, extravagante!

         De pie, ¡oh ciudad!
         ¡Tú no has sido hecha para la paz solamente; recuerda tu
verdadero destino, de guerrera!

         No tengas miedo.
         No te sometas a otros modelos que los tuyos, ¡oh ciudad!
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 34] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Mírame. ¡Encárname como yo te he encarnado!
         No he rechazado nada de lo que me has ofrecido;
         Lo que has adoptado, yo lo he adoptado! Buena o mala,
jamás te discuto, amo todo lo tuyo, no condeno nada,

         Canto y celebro todo lo que posees,
         Pero no canto más la paz:
         En paz he cantado la paz, pero ahora el tambor de guerra
es mi instrumento,

         Y la guerra, la roja guerra es el encanto que voy cantando
por tus calles, ¡oh ciudad!



 
En las praderas

         Declina la tarde en las praderas,
         La comida ha terminado, el fuego encendido a ras de tie-
rra arde apenas,

         Fatigados, los inmigrantes duermen envueltos en sus
mantas,

         Me paseo solo, deteniéndome de tanto en tanto a contem-
plar las estrellas,

         Paréceme que jamás las he comprendido como en estos
instantes.


         Ahora me nutro de inmortalidad y de paz,
         Admiro la muerte, y erifico las proposiciones.

         ¡Qué riqueza! ¡Qué espiritualidad! ¡Qué condensación!
         El mismo hombre, y la misma alma de siempre, las mis-
mas aspiraciones de siempre, y la misma conformidad.


         ¡Pensaba que no hubiera nada más espléndido que el día,
hasta que he visto las maravillas de la noche!

         Creía en la suficiencia de nuestro Orbe, hasta el momento
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 35] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
en que en medio del más puro silencio emergieron millones
de orbes desconocidos.


         Ahora, mientras me anegan los grandes pensamientos del
espacio y de la eternidad, quiero elevarme a su altura,

         Ahora me siento en contacto con las vidas de otros mun-
dos, que acaso han llegado al mismo desarrollo que las vidas
de la tierra.

         En contacto con las vidas que aguardan la hora de igua-
larnos, o con los que han sobrepujado las vidas de la tierra,

         A partir de esta noche, los tendré tan presentes como mi
propia vida.

         A las vidas de la propia tierra, tan desenvueltas como la
mía, les espera la hora de alcanzar análoga graduación.


         Ahora veo que a semejanza del día, la vida no puede mos-
trármelo todo.

         Ahora comprendo que debo esperar lo que me revelará la
muerte.



 
Á ti, vieja causa

         ¡A ti; vieja causa!
         Tú, buena causa, incomparable, ferviente,
         Tú, dulce idea, austera, implacable,
         Inmortal, a lo largo de las edades, de las razas, de las re-
giones,

         Después de una guerra extraña y cruel, una gran guerra
hecha por ti.

         (Creo que todas las guerras de los tiempos pasados y todas
las guerras futuras serán declaradas y hechas por ti.)

         Estos cantos son para ti, para tu eterno avance.

         (Una guerra declarada, ¡oh soldados! no sólo por ella misma,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 36] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
sino por muchas, muchísimas cosas disimuladas detrás de
ella,

         La silenciosa espera, y que ahora van a manifestarse en
este libro.


         ¡Oh, tú, orbe hecho de innumerables orbes!
         ¡Tú, principio fervoroso! ¡tú, germen latente, preciosamen-
te oculto! ¡tú, centro!

         Alrededor de tu idea la guerra gira
         Con todo su violento y furioso juego de causas.
         (Con vastas consecuencias que surgirán dentro de tres mil
años.)

         Estos versos son para tu gloria,
         Pues mi libro y la guerra son lo mismo.
         Yo y mis poemas nos hemos amalgamado en ti, en tu es-
píritu,

         Y lo propio que la lucha gira alrededor de tí....
         Tal como una rueda sobre su eje, este libro, inconsciente
de sí,

         Gira alrededor de tu idea.


 
Imperturbable

         Imperturbable, afirmándome cómodamente en la Natura-
leza,

         Amo de todo o señora de todo, pérpendicular en medio de
las cosas irracionales,

         Impregnado como ellas, pasivo, receptivo, silencioso como
ellas,

         Reconociendo que mi empleo, la pobreza, la notoriedad,
la felicidad, los crímenes son menos importantes de lo que
creía.

         Yo que estoy en los parajes del golfo de México, o en el
Manhata o en el Tennessee, al Norte extremo o en el in-
terior,

         Minero o pioner de los bosques, haciendo la vida de cual-
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 37] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
quiera de los cultivadores de esos Estados, o del litoral, o de
los lagos, o del Canadá,

         En no importa qué lugar donde viva mi vida, sean cuales
fueren las contingencias,

         Sabré afrontar la noche, las tempestades, el hambre, el ri-
dículo, los accidentes, los fracasos, como hacen los árboles y
los animales.



 
Una extraña velada transcurrida en el campo de batalla

         ¡La extraña velada transcurrida en el campo de batalla!
         Cuando tú, hijo y camarada mío, caíste a mi lado, ese día,
         No te dirigí más que una mirada a la que tus caros ojos
contestaron con otra mirada que no olvidaré jamás,

         Y la mano que trataste de levantar del suelo en que yacías
apenas si rozó la mía;

         En seguida avancé en la batalla, donde la lucha continuaba
con iguales probabilidades,

         Hasta que, relevado de mi puesto algo tarde en la noche,
pude volver al fin al sitio donde tú habías caído,

         Y te encontré helado en la muerte, camarada querido, ha-
llé tu cuerpo, hijo de los besos dados y recibidos (jamás vuel-
tos a dar sobre esta tierra),

         Descubrí tu faz a la luz de las estrellas (singular era la
escena). El viento nocturno pasaba fresco y ligero;

         Largo, largo tiempo pasé allí velándote, mientras a mi al-
rededor el campo de batalla se extendía confusamente;

         Velada prodigiosa, deliciosa velada, allí, en la noche que-
da y perfumada,

         Ni una lágrima cayó de mis ojos, ni un suspiro profundo
exhaló mi pecho; largo, largo tiempo te contemplé.

         Luego, extendiéndome a medias sobre la tierra, me mantu-
ve a tu lado, con el menton hundido entre las manos,

         Pasando horas suaves, horas inmortales y místicas, conti-
go, camarada querido,

         Sin una lágrima, sin una palabra;
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 38] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Velada de silencio, de ternura y de muerte, velada por ti,
mi hijo y mi soldado,

         En tanto que allí arriba los astros pasaban en silencío, y
otros hacia al Oeste subían insensiblemente;

         Suprema velada por ti, valiente hijo (no te pude salvar,
tan pronto fué tu muerte,

         Vivo te amé rodeándote fielmente de todas mis solicitu-
des; creo que volveremos a vernos seguramente);

         Y cuando se iban las últimas sombras de la noche, en el
momento preciso en que apunta el alba,

         Envolví a mi camarada en su manta, enrollé bien su
cuerpo,

         Replegando cuidadosamente la manta por debajo de la ca-
beza, y cuidadosamente bajo los pies,

         Y allí bañado en el sol levante, deposié a mi hijo en su
fosa toscamente abierta,

         Terminando así mi extraña velada en el campo de batalla
envuelto en sombras,

         Velada por el camarada muerto repentinamente, velada
que jamás olvidaré, ni cómo, al apuntar el día,

         Levantándome de la helada tierra y envolviendo cuidado-
samento al soldado en su manta,

         Lo sepulté allí donde cayera.


 
Un roble en la Luisiana

         He visto un roble que crecía en la Luisiana:
         Erguíase enteramente solo, y el musgo pendía de sus
ramas,

         Crecía alí, sin ningún compañero, desplegando sus hojas
verde-obscuras.

         Su aspecto de rudeza, de inflexibilidad, de vigor, me hizo
pensar en mí mismo,

         Pensé cómo podría desplegar hojas tan alegres a pesar de
su soledad, sin tener a su lado un solo amigo

         (Yo sé que no podría imitarlo);
         Discurriendo así, rompí una de sus ramas, conservando
las hojas y el musgo que pendía de ella,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 39] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Luego, al alejarme, la llevé conmigo hasta mi alcoba, don-
de la coloqué visiblemente.

         (No es que haya menester de su presencia para acordarme
de mis amigos;

         En estos últimos tiempos no hago más que pensar en
ellos.)

         Sin embargo, esta rama constituye para mí un símbolo
precioso, me hace pensar en el afecto viril;

         A pesar de todo, y aunque este roble fructifica, allá en la
Luisiana, completamente solo en un amplio espacio descu-
bierto,

         Proyectando año tras año sus alegres hojas, sin tener jun-
to a él un amigo, un tierno camarada,

         Comprendo y reconozco que no podría imitarlo.


 
Pensamiento

         Pienso en los que han alcanzado altas posiciones,
         Ceremonias, riqueza, saber y demás ventajas.
         (Para mí todo lo que han alcanzado se desprende de ellos,
excepto los resultados que dichas ventajas tienen para su
cuerpo y para su alma.

         De modo que frecuentemente se me aparecen descarnados
y desnudos,

         Y en vez de enaltecer, cada cual escarnece a los otros o se
escarnece a sí mismo o a sí misma,

         Y en cada uno de ellos, el corazón de la vida, es decir, la
felicidad, está llena del infecto excremento de los gusanos,

         Y con frecuencia, estos hombres y estas mujeres pasan,
         Sin saberlo, ante las verdaderas realidades de la vida ilu-
minados por engañosas apariencias,

         Atentos a lo que les impone la costumbre, y nada más,
         Semejantes a sonámbulos dormidos, que andan tristes y
precipitados por las tinieblas.)

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 40] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Silenciosa y paciente, una araña

         Silenciosa y paciente, una araña,
         Aislada en un pequeño promontorio, yo la veía,
         Explorar el vasto espacio que la rodeaba,
         Proyectando fuera de ella filamentos, filamentos, fila-
mentos,

         Que devanaba y tejía infatigablemente.

         Tú también, ¡oh alma! allí donde te hallas,
         Oprimida, aislada, en los infinitos océanos del espacio,
         Meditas sin cesar, te aventuras, buscas las esferas para
unirlas,

         Hasta que el puente que has menester esté construído.
         Hasta que el ancla dúctil arraigue firmemente,
         Hasta que el hilo virginal que proyectas fuera de ti, se en-
ganche en algún lado, ¡oh alma mía!



 
Cuadro

         Cuadro visto de una ojeada a través de un resquicio.
         Un grupo de operarios y cocheros congregados alrededor
de una estufa en la sala de un bar, una tarde de invierno al
anochecer, y yo también, sentado en un rincón, inadvertido;

         Un joven que me quiere y yo estimo se aproxima en
silencio, y viene a sentarse a mi lado, contento de estrechar
mi mano,

         Largo rato, en medio del ruido de las idas y venidas, de
las libaciones, de los juramentos, de las chanzas,

         Quedamos allí, los dos, satisfechos, felices de estar juntos,
hablando poco, y a veces no pronunciando una palabra.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 41] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Este polvo fué antaño un hombre

         Este polvo fué antaño un hombre,
         Suave, simple, justo y resuelto, bajo cuya prudente mano,
         Frente al crimen más abominable conocido en la historia
de todos los países y de todas las edades,

         Se salvó la unión de estos Estados.


 
A los Estados

         A los Estados, o a cualquiera de entre ellos, o a una ciudad
cualquiera de los Estados, le digo: Resiste mucho, obedece
poco,

         Una vez admitida la obediencia sin protesta, es la servi-
dumbre total.

         Una vez esclavizada totalmente, ninguna Nación, Estado
ó Ciudad de la tierra volverá a reconquistar su libertad.



 
España (1873-1874)

         De los negros flancos de enormes nubes,
         Entre los escombros del mundo feudal y los esqueletos
amontonados de los reyes,

         De ese antiguo osario que es la Europa entera de las mas-
caradas hechas povlo,

         Catedrales derrumbadas, palacios desmigajados, tumbas
levíticas,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 42] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¡Mirad! He aquí que aparecen las rejuvencidas facciones
de la Libertad,

         He aquí que aparece el mismo rostro inmortal. (Una visión
rápida como el rostro de tu madre ¡oh América!

         Un relámpago significativo como el de una espada,
         Luce hacia ti.)

         No creas que te olvidamos, madre nuestra;
         ¿Has quedado largo tiempo atrás?
         ¿Las nubes van a cerrarse de nuevo sobre ti?
         ¡Ah! pero ya te has mostrado a nosotros, en persona,
         Ahora te conocemos,
         Dejándote entrevar nos has dado una prueba infalible,
         ¡De que allí como en todos lados aguardas tu hora!


 
A un historiador

         Vos que ilustráis el pasado,
         Que habéis explorado lo externo, la superficie de las razas
la vida que se deja ver,

         Que habéis considerado al hombre como la criatura de la
política, de las colectividades, de los gobiernos y de los sa-
cerdotes;

         Yo, habitante de los Alleghanjo, considerándolo tal como
en sí mismo, en sus propios derechos,

         Tomando el pulso de la vida que raramente se ha dejado
ver (la gran altivez del hombre, en sí propio),

         Cantor de la personalidad, esbozando lo que aun está por nacer,

         ¡Proyecto la historia del futuro!
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 43] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
La Morgue

         A las puertas de la Morgue en la ciudad,
         Como anduviera ocioso tratando de aislarme del tumulto,
         Me detuve curioso.
         ¡Vedla, pues! Esta resaca de paria,
         Una pobre ramera muerta que acaban de traer.
         Depositan allí su cadáver, que nadie ha reclamado, yacen-
te sobre el húmedo suelo de ladrillos.

         La mujer divina; su cuerpo,
         No veo más que su cuerpo,
         No miro más que eso,
         Esa estancia ayer desbordante de pasión y de belleza, no
veo más que eso;

         Ni el silencio tan glacial, ni el agua que fluye de la cani-
lla, ni los olores cadavéricos me impresionan,

         ¡Sólo la estancia, esa prodigiosa estancia, esa delicada y
espléndida estancia, esa ruina!

         Esa inmortal estancia, más suntuosa que todas las hileras
de edificios construídos y por construir!

         O que el Capitolio de blanco domo rematado por una ma-
jestuosa estatua,

         O que todas las viejas catedrales de flechas altivas;
         Esta pequeña estancia es más que todo eso, pobre estancia,
estancia desesperada,

         Bella y terrible despojo—alojamiento de un alma—, alma
ella misma;

         Casa que nadie reclama, casa abandonada
         Acepta un soplo de mis labios trémulos,
         Acepta una lágrima que vierto en tanto me alejo pensan-
do en ti,

         Estancia de amor difunta, estancia de locura y de crimen,
deshecha en polvo, triturada,

         Estancia de vida, antaño llena de palabras y de risas,
         Mas ¡ay! pobre estancia, ya estabas muerta por entonces;
         Desde meses, desde años atrás, eras una casa amueblada
resonante, pero muerta, muerta, muerta.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 44] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Como meditaba en silencio

         Como meditaba en silencio,
         Considerando mis poemas, deteniéndome largamente en
ellos,

         Un Fantasma de rostro desconfiado se levantó ante mí
         Terrible de belleza, de edad y de potencia,
         El genio de los poetas del antiguo mundo.
         Que mirándome con ojos de llama,
         Señalando su índice sendos cantos inmortales,
         Me dijo con voz amenazante: «Qué cantas tú?
         ¿No sabes que no hay más que un solo tema para los bardos
inmortales?

         ¿El tema de la guerra, la fortuna de los combates,
         La creación de verdaderos soldados?»

         «Sea—respondíle entonces—;
         Yo también, sombra altanera, canto de guerra, una guerra
más larga y más grande que otra alguna

         Que contenía en mi libro, con suertes diversas,
         Con marchas adelante y retiradas, con victorias diferidas
é inciertas,

         (Sin embargo la victoria me parece segura, o casi segura
al fin), teniendo el mundo por campo de batalla;

         Guerra de vida y muerte, para el cuerpo y para el alma
eterna,

         Oíd: yo también he venido para cantar el canto de los
combates,

         Yo también, por encima de todo, suscito bravos soldados.»
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 45] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
¡Oh capitán! ¡Mi capitán!

         ¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha ter-
minado,

         La nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el
anhelado premio,

         Próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo
entero que te aclama,

         Siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y
soberbia nave;

         Mas ¡ay! ¡oh corazón! ¡mi corazón! ¡mi corazón!
         No ves las rojas gotas que caen lentamente,
         Allí, en el puente, donde mi capitán
         Yace extendido, helado y muerto.

         ¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate para escuchar las
campanas.

         Levántate. Es por ti que izan las banderas. Es por ti que
suenan los clarines.

         Son para ti estos búcaros y esas coronas adornadas.
         Es por ti que en las playas hormiguean las multitudes,
         Es hacia ti que se alzan sus clamores, que se vuelven sus
almas y sus rostros ardientes.

         ¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
         ¡Deja pasar mi brazo bajo tu cabeza!
         Debe ser sin duda un sueño que yazgas sobre el puente.
         Extendido, helado y muerto.

         Mi capitán no contesta, sus labios siguen pálidos e in-
móviles,

         Mi padre no siente el calor de mi brazo, no tiene pulso ni
voluntad,

         La nave, sana y salva, ha arrojado el ancla, su travesía ha
concluído.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 46] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¡La vencedora nave entra en el puerto, de vuelta de su es-
pantoso viaje!

         ¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad, campanas!
         Mientras yo con doloridos pasos
         Recorro el puente donde mi capitán
         Yace extendido, helado y muerto.


 
Allá a lo lejos...

         Allá a lo lejos en una isla de maravillosa belleza,
         Una antigua madre, acurrucada sobre una tumba, solloza
su dolor;

         Antaño reina, hogaño tendida en tierra, lívida y hara-
pienta,

         Sus viejos cabellos blancos caen en desorden alrededor de
sus espaldas,

         A sus pies yace inútil un arpa real, muda desde hace
tiempo,

         También ella hace mucho tiempo que yace allí muda,
         Llorando sus esperanzas y sus herederos sepultados;
         Su corazón es el más henchido de dolor que haya sobre la tierra

         Porque es el más henchido de amor.

         Oye un palabra, antigua madre.
         No permanezcas más tiempo acurrucada allí sobre la tierra
glacial, con la frente en tus rodillas.

         No continúes allí, bajo el velo de tus viejos cabellos blan-
cos en desorden;

         Sábelo de una vez: el que lloras no está encerrado en esa
tumba,

         Fue una ilusión, el hijo que amas no había muerto en rea-
lidad,

         El amo no había muerto, ha resucitado joven y robusto en
         otra región;
         Mientras tú te lamentabas allí, sobre su tumba, junto a tu
arpa caída en tierra,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 47] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         El que lloras se ha evadido, soliviantado de su tumba.
         Los vientos le empujaban, y la mar le conducía,
         Y hoy, con su sangre renovada y en flor,
         ¡Se mueve en un país nuevo!


 
Dadme vuestro espléndido sol

         Dadme el espléndido y silencioso sol asaeteando en el total
deslumbramiento de sus rayos.

         Dadme el jugoso fruto de otoño, recogido maduro y rojo
en el vergel,

         Dadme un campo donde la hierba crece lujuriosa,
         Dadme un árbol, dadme los racimos en el parral,
         Dadme el maíz y el trigo nuevos, dadme los animales que
se mueven con serenidad, y enseñan la conformidad,

         Dadme estas tardes de absoluto silencio que se espacían
sobre las antiplanicies al Oeste del Mississipi, en las que pue-
da elevar los ojos hacia los astros,

         Dadme un jardín con magníficas flores, que perfumen la
aurora donde pueda pasearme tranquilo,

         Dadme un hijo que me enorgullezca; dadme, muy lejos y
apartado del mundo, una vida doméstica y campestre,

         Dejadme gorjear para mí solo, llenar de cantos espontá-
neos mi voluntaria reclusión,

         Dadme la soledad, dadme la Naturaleza, restitúyeme, ¡oh
Naturaleza! tus sanas primitividades.


         Sí; necesito que todo eso me sea dado (harto de sobreexci-
tación incesante y torturado por la lucha guerrera),

         Pido sin cesar que me sea dado eso, lo pido a gritos que
emergen de mi corazón,

         Y sin embargo, a pesar de reclamarlo sin descanso, per-
manezco atado a mi ciudad,

         Los días se suceden y los años pasan, ¡oh ciudad! y siempre
piso tus calles,

         Me tienes encadenado, por mucho tiempo, rehusas dejarme
partir,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 48] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Acordándome, sin embargo, el hacer de mí un hombre sa-
ciado, enriqueciendo mi alma con los millones de rostros que
constantemente me brindas.

         (Ahora veo lo que deseaba huir, resisto a mis gritos, los
rechazo, veo que mi alma pisotea lo que más reclamaba.)


         Guardad vuestro espléndido y silencioso sol,
         Conserva tus selvas, ¡oh Naturaleza! y los recodos apaci-
bles a orillas de los prados.


         Guarda tus campos de trébol y de centeno, tus campos de
maíz y tus vergeles,

         Guarda los campos floridos donde zumban las abejas sep-
tembrales;

         Dadme los rostros y las calles.
         ¡Dadme los fantasmas que desfilan incesantes a lo largo de
las aceras!

         Dadme los ojos incontables.
         ¡Dadme los camaradas y los amigos a millares!
         Que todos los días se renueven.
         ¡Que cada mañana mis manos estrechen nuevas manos
amigas!

         Dadme espectáculos semejantes.
         ¡Dadme las calles de Manhattan!
         ¡Dadme Broadway, con los soldados que desfilan!
         ¡Dadme la sonoridad de las trompetas y de los tambores!
         (Los soldados que desfilan por compañías, por regimentos.
         Unos que parten ardientes y despreocupados,
         Otros que han concluído su servicio y vuelven a las filas,
jóvenes y no obstante viejos, caminando sin fijarse en nada.)

         ¡Dadme las riberas y los muelles, con su pesada franja de
negras naves!

         ¡Oh! ¡que todo eso sea para mí! ¡Oh, la vida intensa, llena
hasta desbordar y diversa!

         ¡La vida de los teatros, de los cafés, de los music-halls,
de los hoteles enormes para mí!

         ¡La cantina del barco a vapor!
         ¡La multitud de los excursionistas!
         ¡Las procesiones nocturnas al resplandor de las antorchas!
         La brigada de densas filas que parte para la guerra seguida
de furgones militares en los que se amontonan sus provi-
siones;

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 49] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Gentes de todas layas y procedencias, en oleadas mundia-
les, con voces fuertes, con pasiones y espectáculos imponentes,

         Las calles de Manhattan con su potente palpitación, con
tambores que redoblan como ahora,

         El coro rumeroso y perpetuo (el resbalar y el chis-chás de
los fusiles, la vista misma de los heridos)

         ¡Las olas de Manhattan con su coro turbulento y músical!
         Los rostros y los ojos de Manhattan, dádmelos todos para
mi.



 
Hijos de Adam

         Yo, el poeta de los Cantos Adámicos,
         Desbordante de vida; fálico, poseedor de potentes y origi-
nales riñones, perfectamente puro,

         Indestructible, inmortal, retorno a través de las edades.

         Ahora recorro el nuevo Edén, el gran Oeste de mi raza,
evoco sus capitales,

         Mientras me abandono a mi delirio. Anunciando la venida
de cuanto es engendrado;

         Ofreciendo estos Cantos, ofreciéndo yo mismo,
         Bañando en el sexo mi ser y mis himnos,
         Retoño de mi semen.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 50] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Canto de la bandera, al amanecer

 
El Poeta

         ¡Oh! un canto nuevo, un canto libre,
         Que flamee, flamee, flamee con sonidos y voces
siempre diversas,

         Con la voz del viento y los redobles del tambor,
         Con la voz de la bandera, la voz del niño, la voz del mar
y la voz del padre,

         Un canto que vuleve a ras de tierra, se cierna en los aires,
         Descienda a la tierra en que se hallan el padre y el niño,
         Torne a los altos aires donde ambos vuelven sus ojos,
         Para ver flamear la bandera al apuntar la aurora,

         ¡Palabras! ¡Libros hechos con palabras! ¿Qué sois?
         Nada más que palabras: para oir y para ver
         Debéis salir al aire libre en el que elevo mi canto,
         Porque allí debo cantar
         Con la bandera y el pendón flameantes.

         Tejeré las cuerdas y las retorceré;
         El deseo del hombre y el deseo del niño,
         Sí, los entrelazaré, infuniéndoles vida;
         Introduciré en él la punta relampagueante de las bayo-
netas,

         Haré silbar las balas y las granadas,
         (Y proyectándolo en torno y a lo lejos, como un símbolo y
una amenaza del futuro,

         Gritaré, con estridor de trompetas: ¡De pie, y atención!
          ¡Atención, y de pie!)
         Bañaré en ondas de sangre mi poema, lo llenaré de volun-
tad y de alegría,

         Y en seguida lo lanzaré al espacio por que rivalice
         Con la bandera y el pendón flameantes.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 51] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
El Pendón
         ¡Sube, sube, bardo! ¡oh bardo!
         ¡Sube, sube, alma, oh alma!
         Sube, sube, tierno y querido niño,
         Ven a volar conmigo, entre las nubes y los vientos, a go-
zar conmigo en la infinita luz.



 
El Niño
         Padre, ¿qué es esa cosa, allá en el cielo, que me hace
señas

         Con sus largos dedos?
         ¿Qué es lo que está diciendo?


 
El Padre
         Eso que ves en el cielo es poca cosa, hijo mío,
         No dice nada. Mira, más bien, chiquillo,
         Esos objetos deslumbradores en las casas vecinas,
         Mira cómo se aren las agencias comerciales,
         Mira los vehículos repletos de mercaderías, que comienzan
a circular por las calles,

         ¡Oh, eso, eso sí que es precioso! ¡Cómo se trabaja por po-
seerlo!

         ¡Cuán envidiadas son tales cosas en toda la tierra!


 
El Poeta
         Fresco, en su púrpura rosada, el sol se eleva,
         El mar ondula en el azúl lejano, cabalgando sobre sus
amplias vías,

         El viento avanza sobre el mar soplando hacia la tierra,
         El vasto y gallardo viento que sopla incansable del Oeste
ó del Sudoeste,

         Y que patina tan levemente sobre las aguas levantando
espumas de una blancura láctea,

         Más, no soy el mar ni el rojizo sol,
         Ni el viento con su risa de jovencilla,
         Ni el inmenso viento que fortifica, ni el viento que fustiga,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 52] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Ni el espíritu que continuamente fustiga al cuerpo, hasta
el terror y la muerte,

         Sino aquel que viene invisible, y canta, canta, canta,
         Que balbucea en los ríos, desciende sobre las maravillas
de la tierra.

         Que las aves de los bosques admiran por las mañanas y
por las tardes,

         Que las arenas de la playa conocen y las sonantes ondas,
         Lo propio que esa bandera y ese pendón
         Que allá en lo alto flamean, flamean.


 
El Niño
         ¡Oh padre! Esa cosa está viva—está llena de gentes—, tiene
hijos,

         Me parece que ahora mismo habla a sus hijos,
         Yo la oigo—ella me habla—. ¡Oh, qué maravilla!
         ¡Cómo se dilata—y se despliega y revolotea—, oh pa-
dre mío!

         Y es tan amplia, que cubre todo el cielo.


 
El Padre
         Calla, calla, loco hijo mío.
         Lo que dices me llena de angustia, me desagrada mucho.
         Mira donde miran los demás, te repito; no te entretengas
en lo alto,

         Con las banderas y los pendones.
         Admira más bien la calzada ciudadosamente barrida y la
solidez de los muros de las casas.



 
La Bandera y el Pendón
         Habla el niño, ¡oh bardo! en nombre de Manhattan,
         A todos nuestros hijos, ¡oh bardo! del Sur y del Norte de
Manhattan,

         Conságranos este día, por encima de todo; muéstranos
señoreando todo, sin que sepamos la causa de ello,

         ¿Pues qué otra cosa somos sino pedazos de tela, sin
más uso

         Que el de flamear al viento?
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 53] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
El Poeta
         Yo siento y veo algo más que pedazos de tela,
         Siento la marcha de los ejércitos, oigo el grito del cen-
tinela,

         Oigo el jubiloso clamor de millones de hombres. ¡Oigo la
Libertad!

         Oigo resonar las trompetas y redoblar los tambores,
         Yo mismo, en instantáneo ímpetu, me levanto y vuelo,
         Vuelo con las alas del pájaro
marino, y como desde una cumbre dirijo mis miradas hacia
bajo:

         Yo no niego los preciosos resultados de la paz, veo ciuda-
des populosas con incalculables riquezas.

         Veo granjas innúmeras; veo campesinos trabajando en sus
campos o en sus granjas,

         Veo obreros en sus labores, veo por todos lados edificios en
construcción,

         Veo hileras de vagones que ruedan a lo largo de las vías
férreas, arrastrados por locomotoras,

         Veo los almacenes, las estaciones de Boston, de Baltimore,
de Charleston, de Nueva Orleáns.

         Veo a lo lejos, en el Oeste, el inmenso dominio de los ce-
reales; me cierno un momento sobre él;

         Vuelo hacia las selvas del Norte, explotados por su madera;
luego a las plantaciones del Sur, luego hacia California;

         Abarcando simultaneamente todo el Continente, veo las
ganancias incalculables, las multitutdes ocupadas, los salarios
ganados,

         Veo la identidad formada por treinta y ocho espaciosos y
soberbios Estados (Y muchos otros en el porvenir),

         Veo fortalezas en las costas portuarias, veo las naves que
entran y salen;

         Y sobre todas estas cosas (¡Sí! ¡Sí!) mi pequeño y sutil
pendón, alargado en forma de espada,

         Asciende vivamente en señal de guerra y de desafío—ahora
mismo lo han izado las drizas—,

         Al lado de mi larga bandera azul, al lado de mi bandera
estrellada,

         Como persiguiendo la paz por todos los mares y los conti-
nentes de la tierra.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 54] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
La Bandera y el Pendón
         Todavía más fuerte, más alto, más sonoro, ¡oh bardo!
         ¡Difúndete en el espacio y en el tiempo!
         Que nuestros hijos no crean que sólo significamos riqueza
y paz,

         También podemos ser, si lo queremos, terror y estrago—y
tales somos ahora—

         Ahora no somos ninguno de estos espaciosos y soberbios
Estados (ni cinco ni diez)

         No somos los mercados, los depósitos ni los bancos de la
ciudad,

         Somos todo eso y lo demás; la tierra inmensa y bruna,
         Y las minas que existen debajo de ella, son nuestras,
         Nuestras son las ondas de los mares, y los ríos ínfimos y grandes,

         Nuestros los campos que riegan las cosechas y los frutos,
         Nuestras las bahías, los canales, y las naves que entran
y salen—sobre todo eso—.

         Sobre el dominio que se extiende a nuestra sombra, sobre
los tres o cuatro millones de millas cuadradas, sobre las ca-
pitales,

         Sobre los cuarenta millones de almas (ahora pasan de cien
millones). Sí, ¡oh bardo! en la vida y en la muerte,

         Nosotros, realmente nosotros, flotando, supremos aquí, en
la altura,

         No sólo en el presente, sino por millones de años,
         Enviamos este canto al alma de un pobre y pequeño niño.


 
El Niño
         ¡Oh padre mío! Las casas no me dicen nada.
         Nunca tendrán valor a mis ojos; yo no amo ni quiero el
dinero;

         Lo que yo querría es subir allá arriba, padre querido, estar
cabe la bandera que amo.

         Querría ser ese pendón; es menester que lo sea.


 
El Padre
         Me llenas de angustia, hijo mío;
         Ser ese pendón sería un destino demasiado espantoso,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 55] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Ignoras lo que significa en el día de hoy y eternamente;
         Significa no ganar nada; arriesgarlo y osarlo todo,
         Significa destacarse en la vanguardia de las batallas, ¡y en
que batallas! ¿Qué tienes tú que ver con todo eso?

         ¿Con las pasiones demoníacas, con las carnicerías y la
muerte prematura?



 
La Bandera
         Entonces lo que yo canto son los demonios y la muerte.
         Lo acojo, lo quiero todo en mi canto, sí, todo, pendón de
guerra en forma de espada;

         Un placer nuevo y extáctico, y el afán que los niños bal-
bucean,

         Mezclarlo a los rumores de la pacífica tierra y a las mare-
jadas del Océano,

         Y las negras naves que combaten envueltas en ciclones de
humareda,

         Y el frío glacial del lejano, lejanísimo Norte, y el zumbido
de los cedros y de los pinos,

         Y el redoble de los tambores, y el paso marcial de los sol-
dados,

         Y el sol que diluvia sus quemantes rayos,
         Y las olas que se estrellan en las playas de mi costa occi-
dental, y las que avanzan sobre mi costa oriental,

         Y todo lo que se extiende entre ambas costas, y mi Missis-
sipi, de eterna corrinete, con sus curvas y sus cascadas,

         Y mis campiñas del Illinois, y mis campos de Kansas, y
mis vegas de Missouri,

         Y el Continente, afirmando su identidad sobre todo, sin
olvidar un átomo.

         ¡Oh canto mío, difúndete como un torrente! Sumerge bajo
las ondas de todo, y del producto de todo, lo que interroga y
lo que canta,

         Funsiona, acapara, exige devóralo todo:
         Ya no hablamos con tiernos labios ni consonidos musi-
sicales,

         Ya no más persuasivos; irrumpimos guerramente en las
tinieblas,

         Croando como cuervos en el viento.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 56] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
El Poeta
         Mis miembros y mis arterias se dilatan; al fin se manifies-
ta el motivo de mi canto:

         Bandera tan vasta que surges de la noche, yo te canto
altanera y resuelta,

         Yo me escapo del reducto en que durante tanto, tanto tiempo
he esperado, ciego y sordo,

         Mi oído y mi lengua me han sido restituídos (un pequeño
niño me ha iluminado),

         Oigo de lo alto, ¡oh pendón de guerra! en tu irónico lla-
mado

         Gritar: ¡Insensato! ¡Insensato! Sin embargo, yo te canto,
¡oh bandera!

         En verdad, no eres las casas pacíficas, ni todo o parte de
su prosperidad. (Si es necesario te daremos cada una de estas
casas para que las destruyas.

         Si no meditas la destrucción de estas casas preciosas que se
alzan tan sólidas, llenas de bienestar, construídas a fuerza de
tanto dinero,

         ¿Entonces pueden levantarse en toda su solidez?
         Ni una hora, a menos que tú también flamees dominadora,
por encima de ellas y de todos.)

         ¡Oh bandera! no eres dinero precioso, ni producto de los
trabajos industriales, ni grato alimento material,

         Ni las mercancías acumuladas, ni las que son descargadas
de los vapores en los muelles,

         Ni las soberbias naves impulsadas a vela o a vapor, que van
á los países remotos en procura de cargamentos,

         Ni las máquinas, ni los carruajes, ni el comercio, ni las
ganancias,

         Eres tal como yo te quiero, tal como te veré en adelante
         (Surgiendo, del seno de la noche, con tu racimo de estr-
llas, de estrellas que aumentan sin cesar),

         La que divide el alba, corta el aire, acaricia el sol y mide
el cielo

         (Percibida y amada apasionadamente por un pobre y pe-
queño niño,

         En tanto otros trabajan o conversan, afanosamente predi-
cando el eterno aborro, ¡el ahorro!)

         ¡Oh tú, señor de la altura, ¡oh pendón tú que ondulas como
una sierpe crujiendo tan extrañamente,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 57] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Tú, que imperas donde no llega la mano, tú que solo eres
una idea;

         Tú, por quien, a pesar de ello, se lucha tan encarnizada-
mente, corriendo el albur de una muerte sangrienta!

         ¡Oh pendón querido!—¡Tan querido!—¡Y tú, bandera que
anuncias el día con tus estrellas raptadas a la noche!

         Objeto invalorable, sin precio, imán de los ojos, por enci-
ma de todo, y exigiéndo todo (poseedor absoluto de todo),

         ¡Oh bandera! ¡Oh pendón!
         Yo también abandono todo lo demás. Por grande que sea
         El resto, no es nada. Las máquinas, las casas, no son nada.
No las veo.

         Sólo te veo a ti, ¡oh pendón guerrero! ¡Oh bandera tan am-
plia, surcada de listas! Solo te canto a tí,

         ¡Flameando al viento, allá en la altura!


 
¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Vamos, hijos presurosos...
         Seguidme en orden, aprestad vuestras armas,
         ¿Tenéis vuestras pistolas? ¿Lleváis afiladas vuestras hachas?
         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         No podemos arrastrarnos aquí,
         Tenemos que seguir, queridos, tenemos que sostener el
choque de los peligros,

         Nosotros, las jóvenes, razas musculosas, nostotros, sobre
quienes cuentan los demás,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Vosotros, los jóvenes, los mocetoues del Oeste,
         Tan impacientes, tan ávidos de acción, tan desbordantes
de fiereza viril y de amistad,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 58] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Os veo distintamente, mocetones del Oeste, alargar el
paso en la vanguardia,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¿Las razas mayorazgas se han detenido?
         ¿Debilitadas, interrumpen su lección, llenas de fastidio,
allende los mares?

         Nosotros seguimos la eterna empresa, cargamos con el
fardo y la lección,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Dejamos atrás todo el pasado,
         Desembocamos en un mundo nuevo y mayor, un mundo
diverso,

         Incólumes y fuertes nos apoderamos de este mundo, mun-
do de labor y de marcha,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Desprendemos destacamentos al paso doble,
         Cuesta abajo, por los desfiladeros y hacia las cumbres de
los arduos montes;

         Conquistadores, nos apropiamos todo, osando, si arries-
gándonos a medida que hollamos las rutas desconocidas,

         Pioners! ¡Oh pioners!

         Vamos talando las selvas primitivas,
         Remontamos los ríos, atormentamos la tierra, abrimos
minas, profundamente,

         Deslindamos la vasta superficie, removemos la tierra
virgen,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Somos los hijos del Colorado,
         De los picos gigantescos, de las grandes sierras, de las al-
tiplanices;

         De las minas y de los barrancos; venimos de seguir la
pista de la caza,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         De Nebraska, de Arkansas,
         Surgimos de la raza del Centro, del Missourí. La sangre
del Continente se ha mezclado en nuestras venas.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 59] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Estrechamos las manos de todos los camaradas, los del Me-
diodía y los del Norte,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¡Oh raza irresistible y sin reposo!
         ¡Oh raza querida en vosotros todos! ¡El tierno amor que le
inspiráis tortura, mi corazón!

         Me lamento y, sin embargo, me regocijo en los transpor-
tes de amor que me inspiráis todos vosotros,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Llevad bien alta la poderosa madre, la soberana,
         Haced ondular bien alto la delicada soberana, por encima
de todos alzad la soberana estrella (inclinaos todos),

         Llevad bien alto la soberana aquilina y guerrera, la sobe-
rana austera, impasible, armada,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Escuchad, hijos míos, mis osados hijos:
         Por las multitudes que talonean nuestra retaguardia, jamás
habremos de detenernos ni titubear,

         Allá a lo lejos, detrás nuestro, los millones de fantasmas
de las edades nos contemplan con ojos severos, y nos em-
pujan,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Siempre más lejos avanzan nuestras compactas filas,
         Siempre nos llegan refuerzos; la vida colma rápidamente
los vacíos que nos hace la muerte;

         A través de batallas y de derrotas avanzamos sin detener-
nos jamás,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¡Oh, morir yendo adelante!
         ¿Algunos de nosotros están por dejarse caer para morir?
         ¿Ha sonado su hora?
         Entonces, la muerte que nos cuadra la encontraremos en
marcha, seguros de que el vacío que dejaremos será breve,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Todas las pulsaciones del mundo
         Oídlas batir al unísono de nosotros, batir con el movi-
miento del Oeste;

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 60] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Aislados o agrupados, avanzando al paso doble en la van-
guardia, todos van con nosotros,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Los esplendores diversos y frondosos de la vida,
         Todas las figuras y todos los espectáculos, todos los obre-
ros en su obra,

         Todos los marinos y todos los continentales, todos los
amos y todos los esclavos,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Todos los infortunados que aman el silencio,
         Todos los prisioneros en las prisiones, todos los justos y
todos los malos,

         Todos los alegres, todos los dolorosos, todos los vivos y
todos los muertos,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Yo también, con mi alma y con mi cuerpo,
         Iremos, curioso trío, escogiendo y vagando por nuestra
ruta,

         Recorriendo estas riberas, entre las sombras, mientras
nos asedian las apariciones,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¡Mirad, el orbe rodante que hiende el espacio!
         Ved, alineados, alrededor los orbes fraternales, los soles y
los planetas,

         Todos los días deslumbradores, todas las noches místicas,
         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Esos nos pertenecen, están con nosotros,
         Todos laboran en la obra primordial y necesaria, en tanto
detrás de ellos los que les seguirán aguardan, embrionarios:

         Y somos nosotros los que vamos a la cabeza de la proce-
ción del día, somos nosotros los que abrimos el camino para el viaje,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¡Oh vosotros, hijos del Oeste!
         ¡Oh vosotros, los jóvenes y los mayores!
         ¡Oh vosotras, las madres y las esposas!
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 61] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Jamás debéis ser separadas, en nuestras filas marcharéis
unidas,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¡Rápsodas latentes en las praderas!
         (Bardos amortajados de otros países, podéis reposar en paz,
vuestra obra está acabada),

         Pronto os oiré venir cantando, pronto os levantaréis para
marchar con nostoros,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         Ni las deleitosas dulzuras,
         Ni los cojines, ni las bestias de carga, ni la paz estudiosa,
         Ni la riqueza segura y enervante, ni las dichas incoloras
son para nosotros,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¿Los golosos Trímalciones se divierten?
         ¿Los dormilones ahítos dormitan? ¿Han cerrado y atranca-
do sus puertas!

         No importa, sean para nosotros la dura pitanza y la fraza-
da sobre la tierra,

         ¡Pioners! ¡Oh pioners!

         ¿Ha cerrado la noche?
         ¿Fué demasiado penosa la última jornada?
         ¿Nos hemos detenido en mitad de la ruta, desalentados,
dejando caer la cabeza?

         Entonces os concedo una hora fugitiva para hacer alto y
descansar, una hora de olvido,

         Pioners! Oh pioners!

         Hasta que con un estallido de clarines
         Lejos, muy lejos, retumbe el llamado del alba, ¡oíd! Altí-
simo y claro le oigo resonar,

         ¡Pronto! ¡A la vanguardia del ejército!
         —¡Pronto! De un salto ocupad vuestras filas,
         ¡Pioners! ¡Oh pioners!
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 62] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Imágenes

         He encontrado un vidente.
         Que desdeñaba los matices y los objetos de este mundo,
         Los campos del arte y del saber, los placeres, los sentidos.
         Para buscar imágenes.

         No pongas más en tus cantos—me dijo—
         La hora ni el día enigmáticos, los segmentos ni las partes
yuxtapuestas,

         Pon, ante todo, como una luz para el resto, y un himno
de introducción para los demás,

         El canto de las imágenes.

         Siempre el obscuro comienzo,
         Siempre el crecimiento, la vuelta íntegra del circulo,
         La cumbre siempre y el derrumbe final (para resurgir fa-
talmente),

         ¡Imágenes! ¡Imágenes!

         Siempre la mudanza,
         Siempre la materia que cambia, se desmigaja y se rein-
tegra,

         Siempre los talleres, las fábricas divinas,
         Que engendran las imágenes.

         ¡Ved! yo o vosotros,
         Mujer u hombre, Estado, conocido o desconocido;
         Nosotros que parecemos construir riqueza compacta, fuerza
y belleza,

         En realidad no construímos más que imágenes.

         La apariencia que se desvanece,
         La substancia de un sueño de artista, o de los largos estu-
dios del sabio,

         Los esfuerzos del guerrero, del mártir, del héroe,
         Se reducen a plasmar su imagen.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 63] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         De toda vida humana
         (Las unidades, reunidas, controladas, sin omitir un pensa-
miento, una emoción, un acto),

         El conjunto grande o pequeño se halla recapitulado, adi-
cionado,

         En su imagen.

         La vieja, viejísima impulsión,
         Asentada sobre las antiguas cumbres, lo propio que en las
más altas y nuevas.

         Levantadas por la ciencia y el análisis modernos,
         Coincida en la vieja, viejisima impulsión: las imágenes.

         El mundo actual y nuestro,
         La América atareada, suparabundante, confusa, en tor-
bellinos,

         En sus masas y en sus individuos existe únicamente para
manifestar

         Las imágenes actuales.

         Estos, y los del pasado,
         Los de los países desapercibidos, de todos los reinos de los
reyes de ultramar,

         Conquistadores de antaño, cruzados antiguas, periplos de
los viejos marinos.

         Son imágenes que se unen.

         La densidad: la fecundidad, las fachadas,
         Los estratos de las montañas, los terrenos, las rocas, los
árboles gigantes

         Que han nacido y desaparecerán en tiempos remotos,
         Viven largo tiempo sólo para dejar
         Imágenes eternas.

         Exaltado, arrobado, en éxtasis,
         Lo visible no es más que la matriz de sus natales,
         Poseído de una tendencia cíclica al plasmar, plasmar toda-
vía, plasmar siempre,

         La colosal imagen de la tierra.

         Todo el espacio, todo el tiempo
         (Los astros, las espantosas perturbaciones de los soles,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 64] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Que se inflan, se desploman, acaban realizando su destino
largo o breve),

         No estén más que llenos de imágenes.

         Las miríadas silenciosas,
         Los océanos infinitos donde confluyen los ríos,
         Las inumerables identidades libres y distintas como la
vista,

         Las verdaderas realidades, son las imágenes.

         No este el mundo,
         Ni estos los Universos: son ellos los Universos,
         El sentido y el fin, la permanente vida de la vida;
         Ellos, las imágenes, las imágenes.

         Más allá de tus lecciones, sabio profesor
         Más allá de tu telescopio o de tu espectroscopio, observa-
dor sagaz,

         Más allá de todas las matemáticas,
         Más allá de la cirugía y de la anatomía del médico,
         Más allá del químico y de su Química,
         Están las entidades de las entidades: las imágenes.

         Móviles y no obstante fijas,
         Persistirán siempre, como siempre fueron y son,
         Llevando el presente al porvenir infinito,
         Las imágenes, las imágenes, las imágenes.

         El profeta y el bardo
         Continuarán en las regiones siempre más elevadas,
         Como los mediadores del mundo moderno
         Y de la Democracia, interpretando para ambos,
         Dios y las imágenes.

         Y tú, alma mía
         Tus dichas, tu incesante inquietud, tus exaltaciones,
         Tu aspiración ampliamente satisfecha al fin, te preparan
de nuevo para recibir

         Tus compañeras, las imágenes.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 65] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Tu cuerpo permanente,
         El cuerpo oculto dentro de tu cuerpo,
         La única razón de ser de la forma que eres, el yo real,
         Es una visión, una imagen.

         Tus propios cantos no están en tus cantos,
         No hay acentos únicos para cantar, ninguno existe por
si solo.

         Resultan del conjunto, y se elevan al fin, cerniéndose
         Como la redonda y plena imagen de un Orbe.


 
Pensamientos

         Pienso en la opinión pública,
         En el mandato pronunciado, tarde o temprano, con voz
serena y fría (¡cuán impasible! ¡cuán segura y última!)

         En el Presidente, con el rostro pálido preguntándose en
secreto: ¿Qué dirá al fin el pueblo?

         En los jueces frívolos, en los diputados, en los goberna-
dores, en los alcaldes corrompidos, en todos los que conclu-
yen por ser descubiertos;

         En los clérigos, gruñendo y lloriqueando (pronto serán
abandonados por todos),

         En el declinar, año tras año, del respeto religioso, de las
sentencias emanadas de los funcionarios, de los códigos y de
las escuelas,

         En la elevación cada vez más alta, más fuerte y más vasta
de las intuiciones de los hombres y de las mujeres, en la ele-
vación del sentimiento de la alta estima de Sí mismo y de la
Personalidad,

         Pienso en el verdadero Nuevo Mundo, en las Democracias
resplandecientes en su totalidad,

         En la política, en los ejércitos, en las marinas que se ajus-
tan a ellas,

         En su irradiación solar, en su luz inherente, superior á
todas las demás,

         Envolviéndolo, saturándolo, reverdeciéndolo, transfigurán-
dolo todo.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 66] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Hacia el Edén

         Prisioneras, dolorosas, perlas líquidas,
         Substancias de mi ser sin la cual no sería nada,
         He resuelto glorificaros y lo haré, aunque quede solo entre
los hombres;

         Voz mía retumbante, arranca de tu mayor profundidad
         El canto del falo, el canto de la procreación.

         Canta la necesidad de engendrar hijos espléndidos—y por
ellos—de espléndidos adultos.

         Canta la erección del músculo y la fusión de los seres;
         Canta el canto de la compañera de lecho (¡oh, el irresisti-
ble impetu!

         ¡Oh, para todos, sin excepción, la ansiedad del cuerpo com-
plementario!

         ¡Oh, para vos, quienquiera que seáis, vuestro cuerpo com-
plementario!

         ¡Ese cuerpo que os embriaga, que os enloquece, sobre todas
las cosas de la tierra!)


         Hambre roedora que me devora noche y día,
         Momentos genésicos, angustias que avergüenzan, salgo de
vosotros para cantaros;

         Busco algo que todavía no he encontrado, aunque lo he
buscado asiduamente durante años.


         Canto el verdadero canto del alma, caprichoso aventurero,
renazco en la Naturaleza más brutal, o entre los animales,

         De ella y de ellos, y de lo que concuerda con ellos, saturo
mis poemas;

         Del aroma de las pomas y de los limones,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 67] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         De la cópula de las aves, de la humedad de los bosques, del
abalanzamiento de las ondas,

         Del furioso abalanzamiento de las ondas hacia la tierra:
         Sí; todo eso llena mi canto.

         Modulo ligeramente la overtura, repaso en un preludio los
motivos del canto.

         La felicidad de estar juntos, la visión del cuerpo perfecto,
         El nadador desnudo en el agua o flotando inmóvil, de
espaldas,

         La forma femenina que se aproxima, y yo, que estoy allí,
pensativo, con mi sexo que se estremece y me daña;


         He aquí la divina lista, para mí, para vos, para cual-
quiera:

         El rostro, los miembros, todo el cordaje, desde la cabeza á
los pies, junto con las armonías y las disonancias que despier-
ta la menor pulsación;

         El delirio místico, la locura de amor, el abandono total.
         (¡Escuchad en silencio, atentamente, lo que ahora os su-
surro:

         ¡Os amo, me poseéis por completo!
         ¡Ah si pudiéramos huir juntos de la multitud, irnos lejos,
muy lejos, libres de desenfrenados!

         Dos halcones en el cielo, dos peces nadando en el mar no
serían más desenfrenados que nosotros!)


         La tempestad pulsa mis nervios y mis arterias; tiemblo de
pasión.

         El juramento de no separarnos jamás, de amaros más que
mi vida, os lo juro.

         ¡Lo arriesgo todo, todo lo abandono por vos!
         ¡Si es necesario perderme, que me pierda!

         ¡Vos y yo! ¿Qué nos importa lo que hacen o piensan los
demás?

         ¿Qué es para mí el resto del mundo?
         ¡Que nos baste con gozarnos mutuamente, aspirarnos y
fundirnos!

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 68] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Sexo en cuya acción se maridan la cadena y la trama.
         El aislamiento, los frecuentes suspiros que se exhalan en
la soledad.

         Todas las personas que os rodean y la ausencia de la que
más habéis menester,

         El suavísimo roce de sus manos a lo largo de mi cuerpo,
sus dedos que se hunden en mi barba y en mi cabellera;

         Los interminables besos en la boca y en los senos,
         La presión del sacro cuerpo a cuerpo que me embriaga y
me llena de desfallecimiento,

         La divina faena del esposo, la obra maestra de la pater-
nidad,

         La victoria, el reposo y los abrazos a vuestra compañera
en la noche,

         Los poemas en acción de los ojos, de las manos, de las ca-
deras y de los pechos,

         Las temblorosas presiones de los brazos,
         El cuerpo que se arquea y se agarra en la angustia del
goce,

         El contacto de costado, la mano que de nuevo extiende las
mantas sobre el lecho;

         Ella, que no quiere dejarme partir. Y yo que tampoco
deseo irme

         (Espérame un instante, amada mía, volveré en seguida.)
         Es la hora en que las estrellas brillan, en que cae el rocío,
         La hora en que huyo rápidamente de la noche y de la
amada,

         Para celebrarte, acto divino, para celebraros, robustos
riñones,

         Y vosotras, proles ingentes, sembradas con amor.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 69] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Excelsior

         «Cuál es el que ha ido más lejos? Porque yo he resuelto ir
más lejos;

         ¿Cuál es el que ha sido más justo? Porque yo he resuelto
ser el hombre más justo de la tierra;

         ¿Cuál es el que ha sido más prudente? Porque yo he resuel-
to ser el más prudente;

         ¿Y cuál ha sido el más feliz? Paréceme que soy yo. No creo
que nadie haya sido más feliz que yo;

         ¿Y cuál es el que lo ha prodigado todo? Porque yo he pro-
digado sin cesar lo más precioso de mí;

         ¿Y cuál ha sido el más altivo? Porque yo creo ser el más
altivo de los vivientes—¿no soy hijo de una gran capital,
cuyas enhiestas techumbres rozan los cielos?

         ¿Y cuál ha sido el más audaz y leal? Porque yo he resuelto
ser el más audaz y leal del Universo;

         ¿Y cuál es más benévolo? Porque yo he resuelto prodigar
más benevolencia que los demás;

         ¿Y cuál ha gozado y correspondido al afecto del mayor nu-
mero de amigos? Porque yo he gozado y correspondido como
el que más al afecto apasionado de innumerables amigos;

         ¿Y cuál es el que posee un cuerpo intachable y enamorado?
Porque no creo que exista alguien que posea un cuerpo más
perfecto ni más enamorado que el mío;

         ¿Y cuál el que concibe los más vastos pensamientos? Por-
que yo he resuelto sobrepujar los más vastos pensamientos;

         ¿Y cuál es el que ha escrito los himnos más adecuados a la
tierra y al porvenir? Porque me siento arrebatado por un loco
deseo—hasta el éxtasis—de crear los himnos más gozosos para
todas las tierras.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 70] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Á Uno que fué crucificado

         Querido hermano, mi espíritu se une al tuyo,
         No te apenes si muchos de los que te cantan hossannas no
te comprenden,

         Yo que no te canto ni te adoro, te comprendo;
         Con verdadera alegría te recuerdo ¡oh compañero! y al
recordarte te saludo lo propio que a los que aparecieron antes
que tú, y a los que vendrán después de mí,

         Para todos laboremos el mismo surco, transmitiendo la
misma heredad y la misma cosecha,

         Nosotros, la pequeña falange de los iguales, indiferente á
los países y a las edades;

         Nosotros, que abarcamos todos los continentes, todas las
castas, todas las teologías;

         Nosotros, los humanitarios, los discernidores, el fiel de la
balanza de los hombres comunes;

         Nosotros, los que avanzamos en silencio en medio de las
disputas y de las afirmaciones, sin rechazar las personas ni
las ideas;

         Escuchamos sus vocinglerías y sus tumultos, asaltados por
sus divisiones, sus celos, sus diatribas,

         Envueltos, por momentos, en los círculos voraginosos de
sus comparsas.

         No obstante, rebeldes a todo yugo, avanzamos libremente
por toda la tierra, la recorremos de Norte a Sur, de Este á
Oeste, hasta imprimir nuestro imborrable sello en el tiempo
y en todas las épocas,

         Hasta que saturemos de nosotros el tiempo y las edades, á
fin de que los hombres y las mujeres de las futuras razas se
sientan y se confiesen hermanos y amigos como nosotros lo
somos.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 71] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Del canto de mí mismo

         Me celebro y me canto.
         Lo que me atribuyo también quiero que os lo atribuyáis,
         Pues cada átomo mío también puede ser de vosotros, y lo
será.


         Poeta, invito mi alma al canto,
         Mientras huelgo y paseo contemplando una brizna de hier-
ba estival.


         Mi lengua, cada molécula de mi sangre emanan de esta
tierra, de este aire,

         Nacido aquí, de padres cuyos abuelos y bisabuelos tam-
bién nacieron,

         A los treinta y siete años de edad, en perfecta salud, co-
mienzo estos himnos con la esperanza de continuarlos hasta
en la muerte.


         Otorgo un armisticio a los credos y a las escuelas,
         Los considero un momento a cierta distancia, consciente
de lo que son y de lo que significan, sin olvidarlo nunca;

         En seguida me brindo como un asilo al bien y al mal, dejo
que tomen la palabra todos los azares,

         La desenfrenada Naturaleza con su energía original.

         La atmósfera no es un perfume, no sabe a esencias, es in-
odora,

         Mi boca la aspira en vitales sorbos; la adoro locamente
como a una amada:

         Iré al declive donde comienza el bosque, me quitaré las
ropas, me desnudaré,

         Para gozar su contacto.

         Pláceme la humedad de mi propio aliento,
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 72] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Los ecos, las ondulacionss, el vago zumbar de los mur-
murios silvestres, la raíz de amor, los filamentos de seda, los
zarcillos y las cepas de las viñas,

         Mi inspiración y mi respiración, el latir de mi víscera, la
sangre y el aire que acarrean mis pulmones,

         El olor de las hojas verdes y de las hojas secas, el de las
negruzcas rocas a lo largo de la costa, el olor del heno alma-
cenado en los pajares,

         El sonido de mi voz cuando aulla palabras y las arrojo en
los remolinos del viento,

         Algunos besos a flor de labios, algunos abrazos, pecho á
pecho,

         El vaivén del sol y de la sombra sobre los árboles cuando
las brisas mecen sus ramajes,

         La alegría de la soledad entre las muchedumbres arbóreas
de los bosques o en las apreturas multitudinarias de las calles,

         La sensación de la salud, el himno de mediodía, mi can-
ción matinal al levantarme de la cama y encontrarme de nuevo
frente al sol.


         ¿Creíais que os bastarían cien hectáreas de tierra?
         ¿Creíais que toda la tierra era demasiado?
         ¿Hace mucho tiempo que estáis aprendiendo a leer?
         ¿Habéis sentido orgullo al penetrar el sentido de mis poe-
mas?


         Quedaos un día y una noche conmigo; poseeréis la esencia
de todos los poemas.

         Poseeréis todo lo bueno que existe en la tierra y en el sol
(también existen otros millones de soles),

         Yo no quiero que continuéis recibiendo las cosas de segun-
da o de tercera mano, ni que miréis con mis ojos ni que recibáis las
cosas como dádivas mías,

         Quiero que abráis los oídos a todas las voces, que os im-
presionen por su propia virtud y según vuestra naturaleza.


         He oído lo que narraban algunos juglares, historias de
comienzos y de fines:

         Yo no hablo del comienzo ni del fin.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 73] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Nunca han habido otros comienzos que los que presencia-
mos cada día.

         Más juventud ni más vejez que la hay en la actualidad;
         Nunca habrá más perfección que la de nuestros días,
         Ni más cielos ni más infiernos que los que existen en la
actualidad.


         Impulsión, más impulsión, siempre impulsión,
         La impulsión es la incesante procreadora del mundo.

         Los iguales emergen de la sombra, y se desarrollan com-
plementarios,

         Siempre la substancia y la multiplicación, el sexo siempre;
         Siempre un tejido de identidades, y de diferenciaciones:
         Siempre la concepción, la preñez y el parto de la vida.

         Es inútil refinar; cultos e incultos lo comprenden por igual.

         Límpida y suave es mi alma, igualmente límpido y suave
todo lo que no es mi alma.


         Si faltara uno de los dos, faltarían los dos,
         Lo invisible se prueba por lo visible,
         Hasta que éste se haga invisible, y sea probado a su vez.

         Todas las épocas se han esforzado en valorar «lo mejor» y
y en distinguirlo de «lo peor»;

         Como conozco la absoluta justeza y constancia de las cosas,
permanezco silencioso en medio de las discusiones, luego voy
á bañarme y a admirar mi cuerpo.


         Bien venido sea cada uno de mis órganos y de mis atribu-
tos, y los de todo hombre puro y cordial;

         Ni una pulgada de mi ser, ni un átomo son viles,
         Ninguno de ellos debe serme menos familiar que los demás.

         Me siento feliz. Veo, bailo, río, canto;
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 74] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Cuando mi acariciante y afectuoso camarada, que ha dor-
mido

         A mi lado toda la noche, se aleja a pasos furtivos al
amanecer,

         Dejándome canastos llenos de blancas lencerías que ale-
gran la casa con su abundancia,

         ¿Retardaré mi aceptación y mi cariño, preocupado en saber
en seguida, céntimo a céntimo a céntimo,

         El valor exacto de ambos, y cuál de los dos resultará ga-
nancioso?


         Mi yo real, inaccesible a los tirones y a las sacudidas,
         Gózase en su unidad, satisfecho, compasivo, ocioso,
         Mira mirar el mundo por debajo, ora erguido, ora apoyado
en un sostén seguro, aunque impalpable;

         Deduce lo que será de lo que es, mira todo con curiosos
ojos,

         Mezclando al juego y a la vez fuera de él, observándolo y
maravillándose.


         Veo detrás de mí el tiempo en que erraba en la niebla
entre verbosos y discutidores:

         Ya no derrocho burlas ni objeciones, observo y espero.

         Creo en tí, alma mía; el otro hombre que soy no debe hu-
millarse ante ti,

         Como tú no debes humillarte ante el otro.

         Ven a soñar conmigo sobre la hierba, vuelca en mis oídos
los desbordamientos de tu garganta;

         No he menester palabras, músicas, rimas ni conferencias,
así fueran las mejores.

         Me basta únicamente con tu arrullo, con las confidencias
y las sugestiones de tu voz.


         Recuerdo una mañana límpida de estío tendidos sobre las
hierbas;

         Posaste la cabeza en medio de mis rodillas, volviéndote
dulcemente hacia mí,

         Entreabriste mi camisa, hundiendo tu lengua, pecho aden-
tro hasta el corazón;

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 75] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Luego te alargaste adhiriéndote toda desde mi barba hasta
los pies.


         En seguida se esparcieron sobre mí la paz y la sabiduría
que sobrepujan todos los argumentos de la tierra;

         Supe que la mano de Dios era una promesa para la mía,
         Supe que el espíritu de Dios era hermano del mío;
         Que nada desaparece; todo es progreso y desarrollo,
         Y morir es muy distinto de lo que todos suponen y más
feliz.


         ¿Alguien ha pensado que nacer era una ventura?
         Me apresuro a manifestarle que morir es tan venturoso.
         Lo sé.

         Yo agonizo con los moribundos y nazco con los que nacen,
         Mi yo no está contenido por completo entre mis zapatos y
mi sombrero;

         Examino la multiplicidad de los objetos, no existen dos
iguales, y cada cual es bueno.

         Buena es la tierra, los astros son buenos, y cuanto les
acompaña es bueno.


         Yo no soy una tierra ni lo accesorio de una tierra,
         Soy el camarada de las gentes todas, tan inmortales e in-
sondables como yo.

         (Ellos ignoran su inmortalidad, pero yo la conozco, la sé.)

         El niño duerme en su cuna,
         Entreabro la muselina y le miro un rato, luego silencioso
espanto las moscas con la mano.


         El joven y la joven de empurpuradas mejillas se alejan por
la espesura del ribazo,

         Desde lo alto, mi curiosa mirada los acompaña.

         El suicida yace extendido sobre el piso ensangrentado de
la habitación,

         Observo los destrozados cabellos del cadáver, veo el sitio
donde ha caído el revólver.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 76] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Amo ir solo de caza por las soledades y las montañas
         Errar caprichosamente, maravillado de mi ligereza y de mi
alegría;

         Cuando llega el anochecer elijo un retiro para pernoctar;
         Enciendo fuego, aso la caza recién muerta
         Y me adormezco sobre un montón de hojas, con mi perro
y mi fusil al lado.


         El esclavo fugitivo se aproximó a mi choza, deteniéndose
en el umbral,

         Por la entreabierta puerta de la cocina, lo vi tambalearse
y sin fuerzas:

         Fuí hacia el tronco de árbol en que se había sentado, lo
cogí entre mis brazos, y lo llevé adentro;

         Así que le hube inspirado confianza, llené un cubo de agua
para su cuerpo sudoroso y sus pies desgarrados,

         Luego lo conduje a un cuarto contiguo del mío, y le di
ropas limpias y abrigadas,

         Recuerdo perfectamente el deslumbramiento de sus ojos,
y su actitud embarazada,

         Recuerdo haberle aplicado cataplasmas en las desgarra-
duras de su cuello y de sus tobíllos;

         Una semana pasó a mi lado, hasta restablecerse y poder
emigrar hacia el Norte,

         Comía conmigo en mi mesa, en tanto mi escopeta yacía en
un rincón.


         Veintiocho jóvenes se bañan en el río,
         Veintiocho jóvenes, todos ellos compañeros y amigos;
         Y ella, con sus veintiocho años de vida femenina, tan tris-
temente solitaria!


         La casa de ella es la más hermosa de la ribera;
         De la bella que elegantemente vestida observa a los bañis-
tas a través de los visillos de su balcón.


         ¿A cuál de ellos amará la bella?
         ¡Ah! el menos hermoso de todos es magnífico para ella.

         ¿Dónde vais así, señora? ¡Aunque permanecéis oculta en
vuestro cuarto noto que os sumergís allá, en el agua!

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 77] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Os veo avanzar por la ribera, danzando y riendo, hermosa
bañista;

         Los otros no la ven, mas ella los ve, cada vez más inflama-
da de amor.


         Las barbas y los cabellos de los jóvenes relucen con el agua
que los empapa;

         Una mano invisible se pasea sobre sus cuerpos,
         Desciende temblorosa de sus sienes y de sus pectorales.

         Los jóvenes nadan de espaldas, sus blancos vientres se es-
ponjan al sol; no preguntan quién los abraza tan estrecha-
mente,

         Ignoran quién suspira y se inclina sobre ellos, suspensa y
encorvada como un arco.

         ¡Los jóvenes no saben a quién salpican con vapor de
agua!


         Bueyes que hacéis sonar andando el yugo y la cadena, ó
que reposáis a la sombra de los follajes, ¿qué es lo que expre-
san vuestros ojos?

         Parécenme expresar más que todas las líneas impresas que
he leído en mi vida.


         Amo todo lo que se desarrolla al aire libre;
         Los hombres que guardan tropas y rebaños, los que nave-
gan por los océanos, los que viven en plena selva,

         Los que construyen y los que tripulan naves, los que ma-
nejan el hacha y la azada, los que doman potros y los que
cazan búfalos.

         Me complazco en su compañía, semanas tras semanas.

         Llego con potentes músicas, entre el estruendo de mis
trompetas y de mis tambores,


         No sólo ejecuto marchas para los vencedores consagrados,
también las ejecuto para los vencidos y las víctimas.


         Muchas veces habréis oído decir lo hermoso que es obtener
las ventajas de cada jornada,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 78] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¡Yo os digo que también es hermoso sucumbir, que las ba-
tallas se pierden en la misma intención en que son ganadas!


         Mi tambor redobla en loor de los muertos,
         Para ellos mi trompeta avienta sus notas más retumbantes
y gozosas.


         ¡Loor a los que cayeron!
         ¡Loor a aquellos cuyas guerreras naves se hundieron bajo
las olas!

         ¡Loor a cuántos se hundieron en los mares!
         ¡Loor a los generales vencidos en todas las batallas y á
todos los seres muertos!

         ¡Loor a los innumerables héroes desconocidos, iguales a los
más famosos y sublimes héroes!


         ¿Quién va ahí? Hambriento, grosero, desnudo y místico,
         ¿Cómo es posible que extraiga fuerzas del buey que como?

         ¿Qué es un hombre, después de todo? ¿Qué soy? ¿Qué sois?

         Cuanto refiero a mí mismo, quiero que vos también os lo
atribuyáis,

         Si no hubiera equivalencia entre vos y yo, sería inútil que
me leyerais.


         Yo no lloriqueo como los que van lamentándose por el
mundo,

         Que el tiempo y la nada son sinónimos, que la tierra no es
más que podredumbre.


         Tropel gemebundo y rampante, raza de valetudinarios y
de ortodoxos que buscan la cuadratura del círculo:

         Cuanto a mí, llevo mi sombrero según me place, dentro
como fuera.


         ¿Orar? ¿Para qué? ¿A quién? Mi cabeza no está hecha para
reverencias ni mi boca para zalemas.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 79] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Sé que soy un inmortal.
         Sé que la órbita que describo no puede ser medida con el
compás de un carpintero.

         Sé que no me desvaneceré como el círculo de fuego que un
niño traza en la noche con un tizón ardiente.


         Sé que soy angusto,
         No torturo mi espíritu para defenderlo ni para que me
comprendan,

         Sé que las leyes elementales jamás piden perdón,
         (Después de todo no me juzgo más soberbio que el nivel
en que se asienta mi casa.)


         Existo tal cual soy, eso me basta,
         Si nadie lo sabe, eso tampoco amarga mi satisfacción,
         Y si lo saben todos, igual es mi satisfacción.

         Lo sabe un mundo—el más vasto de los mundo para mí—,
que soy yo mismo.

         Y llegaré a mis fines, hoy mismo, o dentro de diez mil
años, o después de diez millones de años.

         Puedo aceptar ahora mi destino con corazón alegre, o es-
perar con igual alegría.


         Grantítico es el pedestral en que se apoya mi pie;
         Yo me río de lo que llamáis disolución,
         Conozco la amplitud del tiempo.

         Soy el poeta del Cuerpo y el poeta del Alma,
         Los placeres del Cielo me acompañan las
torturas del Infierno:

         He multiplicado en mí el injerto de los primeros,
         Los segundos los traduzco en un idioma nuevo.

         Soy el poeta de la mujer tanto como el poeta del hombre,
         Digo que la grandeza de la mujer no es menor que la
grandeza del hombre,

         Digo que nada hay más grande que la madre de los hom-
bres.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 80] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Canto el himno de la expansión y del orgullo.
         Demasiado hemos implorado y bajado la frente.
         Muestro que la grandeza no es sino desarrollo.

         ¿Habéis sobrepujado a los demás? ¿Sois Presidente?
         Es una bagatela, cada cual debe ir más allá de eso, avan-
zar siempre.


         Soy el que camina en la dulzura de los anocheceres.
         Lanzo mis gritos a la tierra y al mar semienvueltos por la
noche.


         ¡Ciñete fuertemente a mí, noche de desnudos senos!
         ¡Ciñete fuertemente, noche magnética y nutricia!

         ¡Noche de vientos del Sur, noche de los grandes astros!
         ¡Noche silenciosa que me guiñas, noche estival, loca y
desnuda.


         ¡Sonríe, tierra voluptuosa de frescos hálitos!
         ¡Tierra de árboles adormecidos y vaporosos!
         ¡Tierra del sol poniente, tierra de montañas cuyas cumbres
se pierden en la bruma!

         ¡Tierra de la cristalina lechosidad tenuemente azulada del
plenilunio!

         ¡Tierra de los rayos y de las sombras, que nievan las ondas
del río!

         ¡Tierra del gris límpido de las nubes, más brillante y claro
en homenaje a mi admiración!

         ¡Tierra curvada hasta perderse de vista, tierra fértil cu-
bierta de pomaredas!

         Sonríe, pues tu amante se aproxima.

         Pródiga, me has brindado tu amor. ¡Por eso te ofrendo
el mío!

         ¡Oh Amor, indecible y apasionado!

         ¡Oye, oh mar! Igualmente me abandono a ti, adivino lo
que quieres decirme,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 81] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Desde la playa veo tus encorvados dedos que me llaman,
         Paréceme que rehusas alejarte sin haberme acariciado.

         Tenemos que hacer juntos un paseo; aguarda que me des-
vista;

         Llévame pronto hasta perder de vista la tierra,
         Méceme en tus muelles cojines, desvanéceme en el colum-
pio de tus ondas,

         Salpícame de amoroso líquido, yo haré lo mismo, contigo.

         Mar de desplegadas olas,
         Mar que respiras con un jadeo largo y convulsivo,
         Mar de la sal de la vida y de las tumbas que ninguna pala
abre (y no obstante, siempre prontas),

         Que ruges y te abalanzas en las tempestades, mar capri-
choso y adorable;

         ¡Yo soy consubstancial a ti, yo también soy de una sola
faz y tengo todas las fases!


         Soy el poeta del bien, pero no rehuso ser también el poeta
del mal.


         ¿Qué pretende significar toda esa charlatanería acerca del
vicio y de la virtud?

         El mal me impulsa, la reforma del mal me impulsa, pero
yo permanezco indiferente,

         Mi actitud no es la de un censor ni la de un reprobador,
         Yo riego las raíces de todo lo que crece.

         Que se hayan conducido bien en el pasado, o que se con-
duzcan bien actualmente, nada tiene de asombroso:

         El prodigio perpetuo consiste en que pueda haber un hom-
bre bajo o un impío.


         ¡Desenvolvimiento infinito de las palabras en los tiempos!
         La mía es una palabra moderna: la palabra ¡multitud!

         Mi palabra supone una fe inextinguible, siempre veraz.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 82] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Que se realice aquí o en el porvenir, me es indiferente.
         Me confio al Tiempo sin temor,

         El solo es puro, perfecto, redondea y completa todo.
         Sólo esta maravilla desconcertante y mística lo comple-
ta todo.


         Acepta la Realidad, no la discuto,
         Comienzo y termino impregnándome de materialismo.

         ¡Hurra la Ciencia positiva! ¡Viva la demostración exacta!
         En su honor que traigan y entrelacen ramas de pino, de
cedro y de floridas lilas:

         He aquí el lexicógrafo, he aquí el químico, he aquí el lin-
gúista, descifrador de antiguas inscripciones,

         Estos marinos han guiado su nave a través de mares des-
conocidos, sembrados de escollos,

         Este es el geólogo, aquél maneja el escalpelo, estotro es
matemático.


         ¡Señores míos, científicos ilustres, los primeros honores os
corresponden!

         Los hechos que citáis, las observaciones que traéis, son
útiles; sin embargo, no son de mi dominio,

         ¡Mediante ellos no hago más que entrar en una parte de mi
dominio!


         Las palabras de mis poemas no evocan las propiedades re-
conocidas de las cosas.

         Evocan la vida no catalogada, la libertad, la emancipación.
         No se preocupan de los casos neutros y determinados, fa-
vorecen a los hombres y a las mujeres potentamente organi-
zados.

         Redoblan los tambores de la rebelión, se unen a los prófu-
gos, a los que se confabulan y a los que conspiran.


         Yo soy Walt Whitman, un cosmos, un hijo de Manhat-
tan[1]

Note (1): Nombre indigena de la isla en que se asienta Nueva York. 

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 83] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Turbulento, carnívoro, sensual, que come, que bebe, que
procrea.

         (No un sentimental, no uno de esos seres que se creen
por encima de los hombres y de las mujeres, o apartado de
ellos.)

         Yo no soy modesto ni inmodesto.

         ¡Destornillad las cerraduras de las puertas!
         ¡Destornillad las puertas de sus encajes!
         El que rechaza a un hombre cualquiera, me rechaza.
         Todo lo que se hace o se dice concluye por rebotar con-
tra mí.


         A través de mí, como por un desfiladero, pasa la inspiración,
         Pasan a través de mí la corriente y la aguja indicadora.

         Yo transmito la contraseña de las edades, enseño el Credo
de la democracia;

         ¡Pongo por testigo al Cielo! Nada aceptaré que los demás
no puedan aceptar en las mismas condiciones.


         Suben de mis profundidades múltiples voces milenaria-
mente mudas.

         Voces de interminables generaciones de prisioneros y de
esclavos,

         Voces de enfermos y de desesperados, de ladrones y de de-
crépitos.

         Voces de los ciclos de preparación y de crecimiento,
         De los hijos que unen a los astros del pecho de las madres
y de la savia de los padres.

         Voces de las encrucijadas, de las cárceles, de los manico-
mios, de los hospicios y de los cuarteles,

         Voces de los imbéciles, de los despreciados, de los hu-
mildes.

         Voces vagas como disueltas en invernales neblinas, voces
de los escarabajos, del oprobio y del crimen.


         Suben de mis profundidades las voces prohibidas.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 84] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Las voces de los sexos y de las concupiscencias, cuyo velo
entreabro.

         Voces indecentes, bramidos primordiales, gritos locos que
yo clasifico y transfiguro.


         Yo no pongo el dedo sobre mi boca.
         Trato con la misma delicadeza las entrañas que la cabeza
ó el corazón.

         A mis ojos la cópula no es más grosera que la muerte.

         Creo en la carne y en sus apetitos.
         Ver, oir, tocar, son milagros; cada partícula de mi ser es
un milagro.

         Tanto por fuera como por dentro soy divino,
         Santifico lo que toco, y cuanto me toca,
         El olor de mis axilas es más puro que la plegaria,
         Mi cabeza es más que las iglesias, las biblias y los credos.

         Cuando subo la escalinata de mi puerta suelo detenerme
para preguntarme si eso es cierto,

         Una campanilla que azulea en mi ventana me satisface
más que toda la metafísica de los libros.


         ¡Contemplar el amanecer!
         La tenue, tenuísima claridad desvanece las sombras inmen-
sas y diáfanas,

         El sabor del aire place a mi paladar.

         Deslumbrador, formidable, el surgimiento del sol me ma-
taría súbitamente

         Si ahora, y en todo momento, yo no pudiera proyectar fue-
ra de mí un sol levante.


         También nosotros somos deslumbradores y formidables
como el sol,

         Hemos hallado lo que necesitábamos, ¡oh alma mía! en la
calma y la frescura del alba.


         Escucho el canto de la mágica «soprano». (¿Qué es mi obra
comparada con la suya?)

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 85] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         La orquesta me arrebata más allá de la órbita de Urano,
         Suscita en mí locos ardores cuya existencia ignoraba,
         Me hacen volar sobre el mar cuyas ondas indolentes rozan
mis pies,

         Una granizada aguda y furiosa me asaetea, pierdo la res-
piración,

         Me siento sumergido en un baño de morfina que sabe á
miel, mi tráquea se estrangula mortalmente,

         Al fin, me siento libertado para sentir el enigma de los
enigmas,

         Yo lo que llamamos ser.

         Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada
de las estrellas,

         Que la hormiga es tan perfecta como ellas, y un grano de
arena, y el huevo del reyezuelo,

         Y el renacuajo es una obra maestra comparable a las más
grandes,

         Y la zarza trepadora podría ornar el salón de los cielos,
         Y la coyuntura más ínfima de mi mano desafía toda la
mecánica,

         Y la vaca que rumía con la cabeza gacha sobrepuja cual-
quiera estatua.

         Y un ratón es un milagro capaz de conmover sextillones
de incrédulos.


         Podría ir a vivir con los animales, tanto me place su cal-
ma y su indolencia;

         Permanezco horas enteras contemplándolos.

         No se amargan ni se lamentan por su destino,
         No permanecen despiertos en las tinieblas llorando sus
pecados,

         No se descorazonan con disputas acerca de sus deberes
para con Dios,

         Ninguno se muestra descontento, la manía de poseer no
los enloquece,

         Ninguno se arrodilla ante otro ni ante alguno de sus con-
géneres muerto hace millares de años,

         Ninguno de ellos vive con respetabilidad, ninguno exhibe
su infortunio a la curiosidad del mundo.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 86] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Así me prueban su parantesco conmigo, y como tal los
acepto,

         Me traen testimonios de lo que soy, me demuestran clara-
mente que poseen los más altos valores.


         Al anochecer, subo al trinquete, renuevo la guardia que
vela en el nido del cuervo.

         Navegamos por el mar ártico, hay luz suficiente para
orientarnos,

         A través de la atmósfera traslúcida mi vista abarca la pro-
digioaa belleza que me rodea,

         Pasan ante mis ojos enormes moles de hielo, el paisaje es
visible en todas las direcciones,

         En la lejanía se destacan las cumbres blanquísimas de las
montañas; hacia ellas peregrinan los caprichos de mi imagi-
nación,

         Nos acercamos a un gran campo de batalla en el cual
pronto tendremos que combatir,

         Pasamos ante las colosales vanguardias del ejército, pasa-
mos prudentemente en silencio;

         O bien, avanzamos por las avenidas de alguna gran ciudad
en ruinas,

         Los bloques de piedra y los derruídos monumentos sobre-
pujan todas las capitales vivientes de la tierra.


         Soy un libre enamorado, acampo junto a la hoguera que
alegra el vivac del conquistador,

         Arrojo del lecho al marido y ocupo su puesto al lado de la
esposa.

         Toda la noche la oprimo ardientemente entre mis muslos
y mis labios.


         Comprendo el vasto corazón de los héroes,
         El coraje moderno y los corajes pretéritos,

         El desdén y la calma de los mártires,
         La madre de antaño condenada por bruja y quemada sobre
haces de leña seca, a la vista de sus hijos,

         El esclavo, perseguido como una presa, que cae en mitad
de su fuga, todo tembloroso y sudando sangre,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 87] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Las municiones asesinas que la asatean como agujas las
piernas y el cuello,

         Todo eso lo siento y lo sufro como él.

         Cambio de agonías como de vestimentas.
         No pregunto al herido qué es lo que siente, yo mismo me
convierto en el herido,

         Sus llagas se ponen lívidas en mi cuerpo, mientras lo ob-
servo apoyando en mi bastón.


         Soy el bombero con el pecho hundido bajo los escombros,
         Los muros al derrumbarse me han cubierto por completo.
         Respiro humo y fuego, oigo los angustiosos rugidos de
mis camaradas,

         Oigo el chocar lejano de sus picas y de sus palas,
         Ya llegan hasta mi encierro, y me levantan suavemente.

         Estoy extendido en el suelo con mi camisa roja, todos
callan a mi alrededor,

         No sufro ni me desespero a pesar de mi agotamiento,
         Bellas y blancas son las personas que me rodean, con sus
cabezas libres del casco,

         El grupo arrodillado se desvanece con la luz de las an-
torchas.


         Ahora narraré el asesinato de cuatrocientos doce jóvenes
guerreros asesinados alevosamente.

         Copados por fuerzas enemigas nueve veces mayores que
las suyas, formaron un cuadrado, emparapetándose detrás de
sus bagajes;

         Ya habían muerto a más de novecientos enemigos,
         Cuando cayó su coronel y quedaron sin municiones;
         Entonces parlamentaron, obteniendo una capitulación dig-
na, firmada por los jefes respectivos,

         En seguida entregaron sus armas y siguieron a sus vence-
dores como prisioneros de guerra.


         Eran la flor de la raza, la gloria de los montaraces de
Texas,

         Eran incomparables para cabalgar potros, para lizar, can-
tar, divertirse, cortejar las jóvenes,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 88] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Bellos, turbulentos, amables, generosos, altivos,
         Barbudos, asoleados, vestidos con el típico traje de los
cazadores,

         Ninguno de ellos tenía más de treinta años.

         En la mañana del segundo domingo, a principios de un
admirable verano, fueron conducidos por destacamentos y ase-
sinados en masa.


         Ninguno obedeció a la orden de ponerse de rodillas,
         Unos hicieron un esfuerzo desesperado y furioso, otros se
mantuvieron firmes, inmóviles;

         Algunos cayeron a la primera descarga, herido en las
sienes o en el corazón; vivos y muertos yacían juntos,

         Los mutilados se escondían en el barro y los compañeros
que iban llegando los percibían extendidos allí,

         Unos pocos medio muertos trataban de huir rampando,
         Estos fueron ultimados a bayoneta limpia o a culatazos;
         Un valiente que no tenía diez y siete años cogió a su ase-
sino y tuvieron que acudir dos más para arrancarlo de sus
manos.

         Los tres quedaron con sus ropas en jirones, empapados
con la sangre del niño.


         A las once comenzaron a quemar los cuerpos:
         Tal era la historia del asesinato de cuatrocientos doce jó-
venes.


         ¿Quién es ese salvaje desbordante y cordial?
         ¿Es de los que están a la espera de la civilización, o habién-
dola sobrepujado la dominan?


         ¿Es nativo del Sudoeste es uno de aquellos cuya infancia
transcurriera al aire libre? ¿Es un canadiense?

         ¡Viene de la región de Mississipi? ¡Del Yowa, del Oregón
ó de California?

         ¿De las montañas, de las praderas, de los bosques?
         ¿Es un marino que ha recorrido los mares?
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 89] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Vaya donde vaya, hombres y mujeres lo acogen con sim-
patía,

         Desean que los ame, los toque, les hable, y viva con ellos.

         Su conducta es tan arbitraria como la de los copos de nieve,
sus palabras tan sencillas como las hierbas, su caballera, sin
peinar, rey de la risa y de la sinceridad,

         Su lento andar, sus rasgos ordinarios, sus maneras ordi-
narias lo propio que sus emanaciones,

         Estas emergen del extremo de sus dedos en formas nuevas,
         Flotan en el aire que le rodea, con el olor de su cuerpo y
de su aliento, y también irradian de sus miradas.


         ¿Queréis que os describa un combate naval de los pasados
tiempos?

         ¿Queréis saber quién victorioso a la luz de la luna y
de las estrellas?

         Oíd la historia tal como me fuera narrada por el padre de
mi abuela.


         No eran cobardes, no, los tripulantes de la fragata enemi-
ga (me decía)

         Su obstinado y aguerrido coraje era el de los ingleses
         (No existe coraje más rudo ni más firme, nunca ha existido
ni existirá coraje mayor);

         Era el anochecer cuando el buque enemigo nos saludó con
el primer cañonazo.


         Nos abordamos en seguida, las vergas de los buques se
entrecruzaron, los cañones llegaron a tocarse,

         Mi capitán tomó parte en la lucha como el más audaz de
sus subalternos.


         Los cañonazos del enemigo nos abrieron varias vías por
debajo de la línea de flotación,

         Dos cañones del primer puente de nuestra fragata esta-
llaron al romper el fuego, matando a los que se hallaban a su
alrededor.


         Así continuó el combate durante el crepúsculo y luego en
las tinieblas,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 90] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         A las diez de la noche, bajó el plenilunio, nuestras vías de
agua iban en aumento (ya teníamos más de cinco pies),

         El capitán de armas hizo subir a los prisioneros encerra-
dos en la cala de popa, para que se salvaran según pudieran.


         Ahora los que circulan por las pasadizos, cerca de la Santa
Bárbara, son detenidos por los centinelas;

         Estos, al ver tantas caras extrañas, ya no saben de quién
fiarse.


         Nuestra fragata arde por varios sitios,
         El enemigo nos grita: ¿Os entregáis?
          ¿Arriáis la bandera?

         Suelto la risa al oir la voz de mi capitán que contesta a toda
voz: ¡No! ¡No la arriamos!

          ¡Ahora comenzaremos nosotros!

         No nos quedan más que tres cañones:
         Con uno, nuestro capitán apunta al palo mayor de la fra-
gata enemiga,

         Los otros dos, cargados de metralla, barren los puentes, y
hacen callar su mosquetería.

         Desde las cofas, algunos tiradores secundan el fuego de
nuestra pequeña batería,

         Su tiroteo continúa durante toda la acción.

         Ni un instante de tregua:
         Las vías de agua vencen las bombas, el incendio avanza
hacia los polvorines,

         Un cañonazo hace estallar una de nuestras bombas de
agua;

         Todos creen que nos hundimos.

         El pequeño capitán conserva su serenidad,
         No se apresura, su voz es la misma de siempre,
         Sus ojos nos vierten más luz que las linternas de combate.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 91] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Hacia las doce de la noche, bajo los rayos de la luna, se nos
rindieron.


         La media noche se extiende inmensa y silenciosa.
         Dos grandes cascos yacen inmóviles en las tinieblas,

         Nuestra fragata se hunde lentamente, hacemos los pre-
parativos por pasar a la que hemos conquistado,

         En el extremo de la popa el capitán imparte sus órdenes
fríamente, con el rostro blanco como un sudario,

         Junto a él yace el cadáver de un niño de nuestra tripu-
lación,

         Y la cara muerta de un viejo lobo de mar con sus largos
cabellos blancos y las guías de sus bigotes cuidadosamente
rizadas.

         Las llamas se asoman pro todos lados,
         Se oyen las voces de dos o tres oficiales, atentos a su con-
signa,

         Se ven montones de cadáveres y cuerpos, aislados pedazos
de carne y miembros esparcidos,

         Cordajes rotos, aparejos que se balancean, y el ligero en-
trechocar de suaves ondas


         Los cañones, negros e impasibles, restos de paquetes de
pólvora, un tremendo olor a carne quemada y a polvora.

         Algunas grandes estrellas que brillan en la altura silencio-
sas y como enlutadas,

         La brisa que llega en suaves hálitos, el relente que sabe á
los juncos marinos y a los prados que bordean la ribera, los
supremos mensajes confiados a los sobrevivientes,

         El rechinamiento de la sierra del cirujano, los dientes de
acero que hieuden los tejidos vivos y los huesos:

         Respiraciones silbantes, cloqueos agónicos, charcos sangui-
nolentos, la sangre que fluye a chorros, gritos instantáneos y
locos, largos y melancólicos gemidos:

         Todo eso se ve y se oye: todo eso es un combate naval,
todo lo irreparable.


         Sol insolente y glorioso, no tengo necesidad de tu calor,
         Suspende tu trayectoria,
         Tú solo iluminas las superficies, yo ilumino las superficies
y las profundidades,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 92] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¡Tierra! parece que buscas algo entre mis manos.
         Dime, vieja coqueta: ¿qué quieres de mí?

         Detrás de esa puerta alguien agoniza.
         Yo entro en su habitación, tiro los cobertores al pie del
lecho, expulso al médico y al sacerdote.


         Cojo entre mis brazos al moribundo, lo incorporo con irre-
sistible voluntad.

         ¡Desesperado—le digo—, he aquí mi cuello,
         Dios me es testigo de que no quiero que muráis!
         ¡Suspendeos de mí, con todo vuestro peso!
         Os dilato con un soplo formidable,
         Lleno toda la habitación de fuerzas guerreras,
         Fuerzas de cuantos me aman y resisten las atracciones de
la tumba.


         ¡Dormid! ¡yo y mis amigos os velaremos hasta el alba!
         No temáis, la muerte no se atreverá a rozaros con sus alas.
         Os he cogido entre mis brazos, sois mío;
         Cuando despertéis mañana, comprobaréis la verdad de lo
que os digo. ¡Dormid!

         ¡Mirad! no os ofrezco sermones ni pequeñas caridades
         Me doy yo mismo cuando doy.

         No pregunto quién sois, ni lo que hacéis o habéis hecho,
         Nada podéis hacer, nada podéis ser, exceptuando lo que yo
encierre en vosotros.


         Doy un beso familiar en la mejilla del esclavo que laborea
en las plantaciones de algodón y en la del obrero que limpia
las letrinas.

         Juro en mi alma que jamás renegaré de ellos.

         Busco las mujeres aptas para la maternidad.
         Pláceme hacerles grandes y vivaces hijos.
         (Siembro en ellas la substancia de futuras y arrogantísi-
mas Repúblicas.)

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 93] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         He leído cuanto se ha escrito sobre el Universo,
         Sé, por haberlo oído hasta saciarme, cuanto se ha dicho
desde hace millares de años,

         No es muy malo para lo que es... pero ¿es eso todo?

         Vengo para magnificar y para realizar,
         No me opongo a las revelaciones especiales,
         Considero que una espiral de humo, o un vello del dorso
de mi mano es tan admirable como cualquiera revelación,

         Los bomberos, enfocando las bombas o subiendo por sus
escalas, no me parecen inferiores a los dioses guerreros de la
antigüedad,

         Es estercolero, las inmundicias, me resultan más prodigio-
sas que todo lo que se sueña,

         Lo sobrenatural no lo es más que de nombre;
         Yo mismo espero la hora en que seré uno de los seres su-
premos,

         Día vendrá en que yo haré tanto bien como los más gran-
des, en que los igualaré en maravilla,

         ¡Vedme! Desde ya me convierto en un creador,
         Desde ya integro el seno misterioso de la sombra.
         Estos innumerables y buenos hombrecillos que trotan á
mi alrededor, metidos en sus cuellos y en sus trajes coludos

         Sé muy bien quienes son (no son gusanos ni pulgas),
         Reconozco en ellos a mis iguales, el más débil y vacío es
tan inmortal como yo,

         Lo que hago y digo les atañe igualmente,
         Cada idea que relampaguea en mí, relampaguea igual-
mente en ellos.


         Sé perfectamente hasta dónde llega mi egolatría,
         Sé lo omnívoros que son mis versos, no dejo por ello de
escribirlos;

         ¡Quienquiera que seáis, mi anhelo sería elevaros a mi
propio nivel!


         Yo no he hecho mi poema con las palabras de la rutina,
         Lo he hecho como una brusca interrogación, abalanzándo-
me más allá de las cuestiones, a fin de ponerlas al alcance de
todos;

         He aquí un libro impreso y encuadernado; pero ¿y el ti-
pógrafo? ¿y el aprendiz de la imprenta?

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 94] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         He aquí fotografías admirables; pero ¿y vuestra mujer
ó vuestro amigo, opreso entre vuestros brazos?

         He aquí una negra nave, acorazada de hierro, con sus po-
tentes cañones sobres sus torrencillas; pero ¿y el coraje del
capitán y de los mecánicos?

         He aquí las casas con las mesas puestas de sus comedores
en la hora de la comida; pero y ¿el señor y la señora de la
casa, y las miradas que irradian sus ojos?

         He aquí el cielo; pero ¿y lo que hay debajo de él, en esta
puerta, en la de enfrente y al extremo de la calle?

         La historia está llena de santos y de sabios; mas ¿y vos-
otros?

         Está llena de sermones, de credos, de teologías; mas ¿y
el insondable cerebro humano?

         Y finalmente, ¿qué es la razón? ¿qué es el amor? ¿qué es la
vida?


         Sacerdotes de todos los tiempos, de toda la tierra, yo no
os deprecio,

         Mi fe es la más vasta y tenue de las fes—es como la cauda
de un cometa—, abarca todos los sistemas y las inmensida-
des zodiacales,

         Abarca los cultuos antiguos y los cultos modernos y todos
los que fueron entre los antiguos y los modernos.

         Creo que volveré sobre el haz de la tierra despuús de pasa-
dos cinco mil años.

         Espero las respuestas de los oráculos, honro a los dioses,
saludo al sol,

         Convierto que en fetiche la primera roca o el primer tronco
que encuentro a mi paso, realizo encantamientos con anillos
mágicos;

         Ayudo al lama o al bracmán a preparar los lampadarios de
sus altares,

         Me incorporo a las procesiones fálicas, o gimnosofistas,
trenzando bailes litúrgicos a lo largo de los caminos,

         Vivo en la austeridad y en el éxtasis, en medio de los
bosques,

         Bebo el hindromiel en copas craneanas, admiro los Shastas
y los Vedas, reverencio el Corán,

         Me paseo en el teokallis manchado con la sangre de los
sacrificios, redoblando un tambor hecho con una piel de ser-
piente;

         Acepto los Evangelios, acepto al que fué crucificado, sé,
sin duda alguna, que es divino,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 95] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Me arrodillo durante la misa, o me levanto para acompa-
ñar en la oración de los puritanos, o permanezco frecuente-
mente sentado en un banco de la Iglesia,

         Deliro y espumarajeo en un acceso de demencia, o espero
como muerto a que mi espíritu despierte,

         Paseo mis miradas sobre las losas y por el paisaje, o más
allá de las losas y del paisaje,

         Soy uno de los que avanzan por el círculo de los círculos.

         Ha llegado la hora de que me explique. ¡Levantémonos!
         Dejo de lado todo lo conocido,
         ¡Adelante! ¡Hacia lo desconocido! ¡Os proyecto a todos,
hombres y mujeres, como piedras de la honda de mi pro-
pio yo!


         ¿El reloj marca la hora? mas ¿qué es lo que marca la
Eternidad?

         Hasta ahora hemos agotado trillones de inviernos y de
veranos,

         Aun nos quedan trillones por agotar, y después de esos,
trillones y trillones más.


         Los germinales nos han traído riquezas y diversidades,
         Otros nacimientos nos traerán nuevas riquezas y diversi-
dades nuevas.


         Yo no llamo grande a esto ni pequeño estotro,
         Lo que llena su período y ocupa su lugar es igual a cual-
quiera otra cosa.


         Soy una cumbre de cosas realizadas y soy el receptáculo
de todo lo que será.


         A medida que me elevo, los fantasmas se inclinan detrás
de mí,

         Lejos, muy lejos, en lo más profundo, percibo el enorme
vacío primordial, sé que he pasado por él,

         Sé que he esperado, permanente e invisible, adormecido
en litúrgicas brumas,

         He dado tiempo al tiempo, sin que me dañara el fétido
carbono,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 96] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Infinidades de infinidades he permanecido latente, estre-
chamente comprimido, esperando.


         Inmensos han sido los preparativos de mi desarrollo,
         Fieles y amigos han sido los brazos que me han sostenido.

         Ciclos de edades han columpiado mi cuna, remando, reman-
do siempre como gozosos bateleros;

         Las estrellas se han abierto a mi paso, en sus órbitas
procesionales,

         Han preservado en alumbrarme, velando las latencias de
mi porvenir.


         Ya existía, antes de nacer en molde humano,
         Para que mi embrión se trocara en ser consciente,
         La nebulosa se había cuajado en un orbe:
         Los estratos geológicos se apilaron unos sobre otros,
         Las generaciones de vegetales, clorofiliaron la atmósfera,
         ¡Y los saurios monstruosos lo transportaron en sus fauces,
depositándolo delicadamente!

         Todas las fuerzas han actuado continuamente para mi
perfección y mi encanto,

         Y ahora estoy aquí, con mi alma potente.

         Mi sol tiene su sol, a cuyo alrededor gira dócilmente.
         Gira con sus camaradas en un círculo superior,
         Y mayores sistemas giran alrededor de astros más grandes
que contienen pequeñas manchas;

         No hay reposo, no lo habrá jamás:
         Si yo, vosotros y los mundos y cuanto existe dentro y
sobre ellos quedáramos reducidos a una pálida y fletante ne-
blina, eso no tendría importancia a la larga.

         Volveríamos seguramente al estado actual,
         ¡Iríamos seguramente a las lejanías donde vamos, y des-
pués más lejos, siempre más lejos!


         Sé que soy superior al tiempo y al espacio, sé que nunca
he sido medido, que no lo seré jamás.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 97] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Soy el vagabundo de un eterno viaje (¡venid a escuchar-
me todos!)

         Me reconoceréis en mi blusa impermeable, en mis recias
botas y en mi bastón, cortando en los bosques,

         Ninguno de mis amigos se arrellana en mi sillón,
         No tengo sillón, ni iglesia, ni filosofía,
         No llevo a nadie al hotel, a la biblioteca ni a la Bolsa,
         Conduzco a todos, hombres y mujeres, a la cumbre de un
montículo,

         Allí, enlazando con la mano izquierda el talle de mi acom-
pañante,

         Le muestro, con la diestra, paisajes, continentes, y la ruta
abierta para todos.


         Hoy, antes del amanecer, subí una colina y contemplé el
estrellado cielo,

         Y dije a mi espíritu: Cuando hayamos abarcado todos los
orbes y saboreado el placer y la ciencia de todas las cosas que
contienen, ¿nos sentiremos colmados y satisfechos?

         Y mi espíritu contestó: No, habremos alcanzado esas al-
turas para sobrepujarlas y continuar nuestra marcha. [1]


         Oigo bien los problemas que me planteáis ahora.
         En verdad os digo que no puedo contestaros; vosotros mis-
mos debéis encontrar y daros la respuesta.


         Soy el maestro de los atletas.
         Aquel que, por mi enseñanza, muestra un pecho más ancho
que el mío, prueba la amplitud de mi pecho,

         Honra más mi estilo el que estudiándolo aprende a des-
truir al profesor.


         Enseño a los demás a apartarse de mí, y sin embargo,
¿quién podría apartarse de mií?

         En adelante, quienquiera que seáis, seguiré vuestros pasos,
         Mis palabras clavarán sus aguijones en vuestras orejas,
hasta que las comprendáis.

Note (5): «El que quiere el retorno vital—dice Kierkegaard—ese es un hombre.» Y el Zaratustra de Nietzsche agrega: Si esa ha sido la vida, viva mosla una vez más.—(A.V.) 

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 98] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Ninguna sala de herméticas ventanas, ninguna escuela
como no sea al aire libre, pueden comulgar conmigo,

         Más fácilmente que ellos lo consiguen los vagabundos y
los niños.


         El obrero joven es el más íntimo de mis íntimos, el que
mejor me conoce,

         El leñador que lleva su hacha y su cántaro también me
llevará con él,

         El mancebo que trabaja en los campos siente una sensa-
ción de bienestar al arrullo de mi voz,

         Mis palabras zarpan con los vapores, nostálgicas de todos
los mares,

         Amo pasar los días con los pescadores y los lobos del mar.

         Digo que el alma no es más que el cuerpo,
         Digo que el cuerpo no es más que el alma.
         Nada, ni el mismo Dios, es más grande para cada cual que
su propio ser,

         Digo que quienquiera que anda doscientos metros sin sim-
patía, marcha envuelto en un sudario a sus propios funerales,

         Y yo, vosotros, sin tener un céntimo en el bolsillo pode-
mos adquirir lo más precioso de la tierra,

         Y mirar con los ojos u observar una habichuela en su
vaina, confunde la ciencia de todos los tiempos,

         Digo que no existe oficio ni empleo en cuyo desempeño el
que se obstina no pueda convertirse en un héroe,

         Mi objeto, por vil o endeble que parezca, que no pueda
trocarse en eje de la rueda universal;

         Y digo a cualquier hombre, a cualquier mujer: «¡Que vues-
tra alma conserve su serenidad, el dominio de sí misma ante
un millón de universos!»


         Y digo a la humanidad: «No seáis curiosos respecto de Dios.
         Yo que tengo tantas curiosidades, no tengo ninguna acer-
ca de El.»

         (Ningún lujo verbal podría expresar mi tranquilidad en lo
que atañe a Dios y a la muerte.)


         Oigo y veo a Dios en cada objeto.
         No obstante, confieso mi infinita incomprensión de Dios.
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 99] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Y lo que comprendo menos todavía, es qué es lo que podría
ser más prodigioso que yo mismo.


         ¿Por qué he de tener deseo de ver a Dios mejor de lo que
actualmente le veo?

         Veo algo de Dios en cada una de las veinticuatro horas, y
actualmente le veo?

         Veo algo de Dios en cada una de las veinticuatro horas, y
también en cada minuto,

         Veo a Dios en el rostro de los hombres y en el de las mu-
jeres, y en los espejos cuando reflejan mi faz,

         En las calles y en los campos, por todos lados, encuentro
cartas que Dios ha dejado caer.

         Cartas firmadas con su nombre y su rúbrica, que dejo
donde las hallo, porque sea cual fuere el rumbo de mis pasos,
sé que otras y otras llegarán puntualmente hasta mí, por los
tiempos de mis tiempos.


         Cuanto a ti, ¡oh Muerte! y tú, amargo abrazo de la cambian-
te materia, es inútil que tratéis de alarmarme.


         ¡Oh Vida! no ignoro que eres el residuo de incalculables
muertos.

         (Yo mismo, antes de nacer esta vez, seguramente ya había
muerto más de diez mil veces.)


         ¿Qué murmuráis en las lejanías? ¡Oh estrellas de los cielos!
¡Oh soles! ¡Oh hierbas de las fosas! ¡Oh perpetuas transferen-
cias y desarrollos!

         Si vosotros calláis, ¿cómo podría yo decir algo?

         Vosotros los que me escucháis, ¿tenéis algo que decirme?
         Miradme a la cara en tanto aspiro la fluida caricia del
anochecer.

         (Habladme sinceramente, nadie nos escucha, no puedo es-
perar más que un minuto.)


         ¿Estoy en contradicción conmigo mismo?
         De acuerdo, es verdad que me contradigo.
         (Soy vasto, contengo multitudes.)
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 100] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         El gavilán desciende como un dardo hasta rozar mis gue-
dejas; me acusa de facundia y de pereza.


         Y soy tan montaraz como él, y tan inexplicable;
         Hago repercutir mis salvajes ladridos por encima de los
tejados del mundo.


         Los últimos resplandores del día se ofrecen a mis ojos,
         Proyectan mi imagen tras de las otras—tan verdadera
como la que más—en el desierto invadido por la sombra,

         Me empujan mimosamente hacia la bruna y el crepúsculo.

         Me alejo como el aire, sacudo mi cabellera blanca hacia el
sol poniente.

         Arrojo mi carne a los remolinos, la dejo aventarse en es-
pumosas fibras.


         Me doy al barro para renacer en las hierbas que amo,
         Si en adelante queréis volverme a ver, buscadme bajo las
suelas de vuestros zapatos.


         Nunca sabréis lo que soy ni lo que significo.
         Sin embargo, para vosotros yo seré la salud,
         Purificaré y fortificaré vuestra sangre.

         Si no podéis alcanzarme en seguida, no os descorazonéis;
         Si no me halláis en un punto, buscadme en otro,
         ¡Yo estoy en algún lado, esperándoos!
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 101] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 


 
Canto del hacha


 
I

         Arma de forma bella, arma desnuda y pálida,
         De cabeza extraída de las entrañas de la madre,
         Cuya carne es de madera, y el hueso de metal, con tu úni-
co miembro de tu labio único.

         Tu hoja gris azulosa crecida en la hornaza calentada al rojo,
tu mango nacido de una ínfima simiente que se sembró,

         Reposas entre la hierba que te rodea,
         Arma que se tira, y en la que uno se apoya.

         Formas potentes y atributos de formas potentes, oficios,
espectáculos y rumores viriles.

         Larga serie variada y emblemática, jirones de música,
         Dedos de organista mariposeando sobre las teclas del gran
órgano



 
II

         Bienvenidos todos los países, cada uno según su naturaleza:
         Bienvenidos los países del pino y de la encima,
         Bienvenidos los países del limonero y de la higuera,
         Bienvenidos los países del oro,
         Bienvenidos los países del trigo y del maíz, bienvenidos
los de la uva.

         Bienvenidos los países del azúcar, y del arroz,
         Bienvenidos los países del algodón, los de la papa blanca
y de la batata,

         Bienvenidas las montañas, las pampas, los arenales, las
selvas, las praderas,

         Bienvenidas las tierras fértiles, que bordean los ríos, las
planicies, las brechas,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 102] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Bienvenidos los partizales desmesurados, bienvenidos la
tierra fecunda de los vergeles, el lino, la miel, y el cáñamo,

         Pero tan bienvenidos sean los demás países de dura faz,
         Tan ricos como los países del oro, del trigo y de los frutos,
         Países de minas, países de rudos y viriles minerales,
         Países de la hulla, del cobre, del plomo, del estaño y del
cinc.

         Países del hierro, países de la materia de que es hecha el
hacha.



 
III

         Junto a la pila de madera hay una bola contra la cual está
apoyada el hacha.

         A su lado se eleva la choza silvestre: una viña trepa por
encima de la puerta, un pequeño espacio ha sido talado para
trocarlo en jardín,

         El golpeteo irregular de la lluvia sobre las hojas, hase
apaciguado después de la tempestad.

         Una lamentación gemebunda se deja oir por intervalos re-
cordando la del mar;

         Piensan en naves cogidas por la tempestad, tumbadas de
costado, con sus mástiles rotos,

         Se recuerdan las enormes vigas de las cortijos de otros
tiempos,

         Las imágenes y las narraciones que describen las travesías
aventureras de hombres, de familias y de bienes,

         Se imagina su desumbarque, la fundación de nuevas co-
lonias,

         La navegación de los que buscaron una nueva Inglaterra
y la descubrieron; sus comienzos,

         Los establecimientos de Arkansas, del Colorado, de Otta-
wa, de Willamette,

         Los lentos progresos, la carne flaca, el hacha, la carabina,
la bolsa de cuero para las travesías a caballo;

         Y luego la belleza de todos los seres aventureros y audaces,
         La belleza de los montaraces y de los leñadores con sus
claros rosros incultos,

         La belleza de la independencia, de la partida, de las accio-
nes que no se apoyan más que en ellas mismas,

         El desdén del americano por los decretos y las ceremonias,
la impaciencia ilimitada ante toda coerción,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 103] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         La libre tendencia del carácter el relámpago a través de
los tipos tomados al azar, la solidificación;

         El carnicero en el matadero, los hombres a bordo de las
goletas, el almadiero, el pioner,

         Los leñadores en sus cuarteles de invierno, el alba en los
bosques, los ribetes de nieve en las ramas de los árboles, y de
tanto en tanto el ruido seco de un crujimientos;

         Vuestra propia voz que suena clara y gozosa, la alegre can-
ción, la vida natural en los bosques, el fuerte trabajo de cada
jornada;

         El fuego que llamea al anochecer, el gusto delicioso de la
comida, la conversación, la cama hecha con ramas de pino, y
la piel de oso.


         El empresario de construcciones trabajando en las ciuda-
des o en cualquier lado,

         El trabajo preparatorio del garlopaje, de la escuadría, del
aserramiento, del amojonamiento;

         El montaje de las vigas que se colocan en su sitio, posán-
dolas regularmente,

         El ajustamiento de las grandes vigas, en las entalladuras,
según el modo con que fueron preparadas,

         Los martillazos, las actitudes de los obreros, las flexiones
de sus miembros;

         Inclinados, de pie, a horcajadas en las vigas, claveteando,
agarrados a los postes y a los tirantes,

         Sosteniéndose con un brazo mientras el otro maneja el
hacha,

         Los entarimadores que ajustan las maderas del piso para
clavetearlas después,

         Sus aposturas, al abatir de arriba abajo sus armas contra
las planchas,

         Los ecos de sus golpes retumbando en el edificio vacío.

         El enorme almacén que construyen en la ciudad y que ya
está muy adelantado,

         Los seis carpinteros, dos en medio y dos en cada extremi-
dad, llevando con precaución sobre sus espaldas un gran trozo
de madera que servirá de travesaño;

         Los equipos enfilados de albañiles con la llana en la diestra,
elevando rápidamente el largo muro que ya mide sesenta
metros desde la fachada al fondo.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 104] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Sus espaldas que suben y bajan con agilidad, el continuo
chischás de las llanas sobre los ladrillos,

         Los ladrillos, asentados unos tras otros con una destreza
tan segura, y fijados con un golpe de mango de la llana,

         Las pilas de materiales, el mortero, las mezclas de cal y
arena continuamente batidas por los operarios;

         Los obreros que hacen los mástiles en los astilleros, en en-
jambre de los aprendices, ya hombres hechos,

         El vaivén balanceado de sus hachas para tallar el cuadrado
trozo de madera y redondearlo en forma de mástil,

         El breve y seco crujido de acero, entablando al sesgo el
pino,

         Los copos, color manteca, que vuelan en grandes astillas
ó en cintas,

         El movimiento flexible de los brazos jóvenes y musculosos
y de las caderas dentro de las blusas,

         El constructor de muelles, de puentes, de escolleras, de
diques, de almadías, de rompeolas,

         El bombero de las ciudades, el incendio que estalla de
pronto en el barrio más poblado,

         La llegada de las bombas, los gritos roncos, los hombres
que avanzan rápidos y osados.

         El vigoroso mandato transmitido por los clarines, el des-
plegamiento en línea de carga, los brazos que suben y bajan
para traer el agua,

         Los chorros finos, espasmódicos, de un blanco azuloso, la
colocación de los ganchos y de las escaleras con sus accesorios,

         El estrépido de las paredes que se minan y de los techos
que se derrumban si el fuego arde debajo,

         Los rostros iluminados de la multitud que observa, la clari-
dad violenta y las sombras espesas.


         El forjador en su forja y el que usa el hierro después de él;
         El que fabrica el hacha grande o pequeña, el que la suelda
y el que la templa,

         El que sopla sobre el acero frío y prueba su filo pasándolo
por el pulgar,

         El que da forma al mango y la fija sólidamente en su en-
garce;

         Las siluetas procesionales de los que se han servido de ella
en el pasado;

         Los artistas primitivos y pacientes, los arquitectos y los
ingenieros,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 105] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         El edificio asirio y el edificio de Mizra perdidos en las
lejanías,

         Los lictores romanos precediendo a los cónsules,
         El antiguo guerrero de Europa con su hacha, en los com-
bates,

         El arma enhiesta, los hachazos que resuenan sobre el casco
que cubre la cabeza del enemigo;

         El alarido de muerte, el cuerpo de pronto ablandado que se
desploma, el amigo y el enemigo que se precipitan,

         Los vasallos insurreccionados que se aprestan al asedio
resueltos a conquistar sus libertades,

         La fortaleza intimada a rendirse, la puerta asaltada, la
truega y el parlamento.


         El saqueo de una ciudad antigua,
         Los mercenarios y los partidarios que se precipitan furiosa-
mente en el desorden,

         Rugidos, llamas, sangre, borracheras, locura delirante,
         El pillaje de los tesoros en las casas y en los templos, los
gritos de las mujeres abrazadas por los bandidos,

         Las pillerías y las depredaciones de los que marchan detrás
de los ejércitos, los hombres que corren, los ancianos que se
lamentan,

         La guerra infernal, la crueldades de la fe,
         La lista de todos los hechos y de todas las plabras, justas
ó injustas, prohibidas bajo pena de muerte,

         El poder de la personalidad justa o injusta.

         ¡Músculo y corazón para siempre!
         Lo que vigoriza la vida vigoriza la muerte,
         Y los muertos progresan tanto como progresan los vivos,
         Y el porvenir no es más cierto que el presente;
         Pues la rudeza de la tierra y del hombre contiene tanto
         Como la delicadeza de la tierra y del hombre,
         Y nada perdura excepto las cualidades del individuo.

         ¿Qué es, pues, lo que vosotros creéis que perdura?
         ¿Creéis que una gran ciudad subsiste?
         ¿O un estado manufrcturero desbordante de productos? ¿O
una constitución elaborada? ¿O los vapores más sólidamente
construídos?

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 106] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¿O los hoteles de granito y de hierro? ¿O no importa qué
obras maestras hechas por ingenieros? ¿O los fuertes, o los
armamentos?


         ¡Quitad de ahí! Esas cosas no deben ser amadas por sí
mismas,

         Ellas llenan un momento; por ellas es que bailan los dan-
zantes y los músicos ejecutan;

         El cortejo pasa, todo eso entretiene y satisface segura-
mente,

         Todo eso resulta negocio y ganancia, hasta que irradia un
relámpago de desafío.


         Una gran ciudad es la que posee los hombres y las mujeres
más grandes,

         Aunque no poseyera más que algunas chozas miserables,
aun sería la más grande de las ciudades del mundo.


         El lugar donde se eleva una gran ciudad no es aquel que
Posee extensos muelles, almacenes de carga y descarga, ma-
nufacturas y pirámides de productos,

         Ni el lugar donde incesantemente se saluda nuevos foras-
teros, ni donde se levan anelas para los que parten,

         Ni el lugar de los más altos y regios edificios, y de los co-
mercios en los que se trafica con los productos de todas las
demás partes del mundo,

         Ni el lugar de las mejores escuelas y bibliotecas, ni el
lugar donde el dinero abunda más,

         Ni el lugar donde la población es más numerosa.

         Allí donde se levanta la ciudad que posee la raza más
musculosa de bardos y de oradores,

         Allí donde se eleva la unidad que es adorada por ellos, y
que en gratitud los adora y los comprende,

         Allí donde no existe monumento alguno erigido a los hé
roes si no en las palabras y en los actos de la comunidad,

         Allí donde la economía ocupa su lugar y la prudencia el
suyo,

         Allí donde los hombres y las mujeres dan poca importan-
cia a las leyes,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 107] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

         Allí donde la esclavitud desaparece, y el amo de esclavos
desaparece,

         Allí donde el pueblo se subleva instantáneamente contra
la imprudencia eterna de los elegidos,

         Allí donde los hombres y las mujeres se abalanzan a ellos,
Como el océano, al silbido de la muerte, desencadena sus olas
impetuosas,

         Allí donde la autoridad exterior nunca entra mas que pre-
cedida por la autoridad interna,

         Allí donde el ciudadano es siempre la cumbre y el ideal,
donde el presidente, el alcalde, el gobernador y sus secuelas
son agentes asalariados,

         Allí donde a los niños se les enseña a ser ellos mismos su
propia ley, a no contar más que con sus solas fuerzas,

         Allí donde la igualdad de alma impera en los negocios,
         Allí donde las especulaciones espirituales son estimuladas,
         Allí donde las mujeres andan por las calles en procesiones
públicas al igual de los hombres;

         Allí donde se eleva la ciudad de los amigos más fieles,
         Allí donde se eleva la ciudad de la fuerza de los sexos,
         Allí donde se eleva la ciudad de los padres más sanos,
         Allí donde se eleva la ciudad de las madres de cuerpos más
bellos,

         ¡Allí se levanta la Gran Ciudad!

         ¡Cuán miserables resultan los argumentos frente a un ges-
to de desafío!

         ¡De qué modo el florecimiento material de las ciudades se
encoge ante la mirada de un hombre o de una mujer!


         Todo aguarda o se descalabra hasta que aparece un ser
fuerte;

         Un ser fuerte es la prueba de la raza y de las posibilidades
del Universo,

         Hombre o mujer, cuando aparece, las materialidades se es-
tremecen de respetuoso temor,

         Cesan las disputas sobre el alma,
         Las viejas costumbres y las formulas viejas son confron-
tadas para renovarlas o abandonarlas


         ¿Qué objeto tiene ahora vuestra búsqueda del dinero?
¿Para qué os podría servir ahora?

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 108] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         ¿Qué significa vuestra respetabilidad?
         ¿Qué valen, ahora, vuestra teología, vuestra enseñanza,
vuestra sociedad, vuestras tradiciones, vuestros códigos?

         ¿Dónde están ahora argucias respecto del alma?

         Un estéril paisaje recubre el mineral; no lo hay más rico
á despecho de su mísera apariencia;

         He aquí la mina, he aquí los mineros,
         He aquí el fuego de la forja, la licuación se opera, los for-
jadores están en sus puestos con sus tenazas y sus martillos,

         Lo que siempre ha servido y sirve siempre, el hierro,
está pronto.


         Nada ha servido mas útilmente que el hierro: ha servido
á todos.

         Ha servido a los griegos, de lengua elegante e inteligencia
sutil, y antes de los griegos

         Ha servido para construir edificios que han durado más
que todos,

         Ha servido a los hebreos, a los persas, a los indús de los
tiempos más remotos,

         Ha servido a los que construyeron chozas de tierra en los
bordes de Mississipi, ha servido á aquellos cuyos restos repo-
san en la América Central,

         Ha servido á los templos bretones levantados en los bos-
ques, sobre las llanuras, con sus pilares sin desbastar, y á
los druidas,

         Ha servido a las hendiduras artificiales, vastas, altas, si-
lenciosas, que se ven en las nivosas colinas de Escandinavia,

         Ha servido a los que, en tiempos imposibles de conjetu-
rar, grabaron sobre muros de piedra esbozos del sol, de la
luna, de las estrellas, de las naves, de las ondas del Océano,

         Ha servido para abrir las rutas por donde irrumpieron los
godos, ha servido a las tribus pastorales y a las nómadas.

         Ha servido a los lejanos celtas, ha servido a los osados pi-
ratas del Báltico,

         Ha servido antes que a todos a los hombres venerables é
inocentes de la Etiopia.

         Ha servido para fabricar los timones de las galeras de pla-
cer y los de las galeras de combate,

         Ha servido para todas las grandes obras de la tierra y para
todas las grandes obras del mar,

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 109] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         Ha servido en los siglos medioevales y antes de los siglos
de la Edad Media.

         No sólo ha servido para los vivos, entonces como ahora,
también ha servido para los muertos.


         Veo al verdugo de Europa,
         Se yergue enmascarado, vestido de rojo, con sus piernas
enormes y fuertes brazos desnudos,

         Y se apoya sobre una pesada hacha.

         (¿Cuál es el último de los que habéis hendido, verdugo de
Europa?

         ¿De quién es esa sangre que os moja y os pringa tanto?)

         Veo el claro poniente de los mártires,
         Veo descender los fantasmas de los cadalsos,
         Fantasmas de señores difuntos, de soberanos descoronados,
de ministros acusados, de reyes caídos,

         Rivales, traidores, envenenadores, jefes deshonrados, y
otros más.


         Veo a los que, en todos los países, han muerto por la buena
causa,

         Rara es su simiente; sin embargo, la cosecha no se
grará jamás.

         (¡Guay de vosotros, oh reyes extranjeros, oh clérigos! La
secha no se perderá jamás, yo os lo aseguro.)


         Veo el hacha completamente lavada de la sangre que la
cubría.

         El hierro y la mancha están purificados,
         No hacen correr más la sangre de los nobles de Europa, no
tronchan más los cuellos de las reinas.


         Veo al verdugo que se retira por inútil.
         Veo el cadalso desierto y enmohecido, no veo más al hacha
junto al tajo,

         Veo, enorme y amistoso, el emblema de la potencia de mi
raza, la más grande de las razas.

 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - [Begin page 110] - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
         (¡América! No me jacto de mi amor por ti,
         Tengo lo que tengo.)

         ¡El hacha rebota!
         La compacta selva tiembla de resonancias fluidas,
         Ruedan y se prolongan, se elevan y cobran formas:
         Choza, tienda, embarcadero, jalones,
         Balancín, carreta, pico, tenazas, alfajía,
         Balaustrada, horquilla, artesón, palote, paleta de locero,
tablero mural, rueda dentada,

         Ciudadela, cielorraso, café, academia, órgano, sala de ex-
posición, biblioteca,

         Cornisa, celosía, pilastra, balcón, ventana, torrecilla,
pórtico,

         Azada, rastrillo, horquilla, lápiz, carruaje, bastón, sierra,
garlopa, mazo de madera, cala, mango de prensa,

         Silla, cuba, esfera, mesa, ventanilla, ala de molino, marco,
piso,

         Caja, cofre, instrumento de cuerda, navio, armadura de
edificio y todo lo demás,

         Capitolio de los Estados y Capitolio de la nación hecha
de Estados,

         Largas, imponentes ringleras de edificios flanqueando las
avenidas,

         Hospicios para huérfanos, para pobres, para enfermos,
         Vapores y veleros de Manhattan, peregrinos de todos los
mares.


         ¡Las formas se alzan!
         Formas de todas las cosas para las cuales sirve el hacha, y
de los que se sirven de ella y de cuanto les rodea,

         Los que talan los bosques y los que arrastran sus despojos
hasta Penobscoto Kennebec,

         Los que habitan en cabañas en media de las montañas de
California o junto a los pequeños lagos o en el Columbia,

         Los que habitan al Sur, en las riberas del Gila, del Río
Grande, las reuniones cordiales, los tipos y las diversiones.

         Los que habitan a lo largo del San Lorenzo, o al Norte, en
el Canadá, o en los parajes del Fellwostone, los que habitan
en las costas y a lo largo de las costas;

         Pescadores de focas, balleneros, marinos de las regiones
árticas acostumbrados a abrirse paso entre los témpanos.

 
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         ¡Las formas se alzan!
         Formas de manufacturas, de arsenales, de fundiciones, de
mercados,

         Formas de durmientes, de rieles unánimes,
         Formas de travesaños de puentes, de vastas armaduras, de
vigas, de arcos,

         Formas de flotillas de chalanas, de remolcadores, de barcos
hendiendo canales, lagos y rios,

         Los astilleros naveles, las dársenas, a lo largo de los mares
del Levante y del Poniente, y tantas bahías y zonas retiradas,

         Las carlingas de roble, las bordas de pino, la raíz de alerce
para las curvas,

         Los barcos mismos sobre sus cascos, las hileras de anda
mios, los obreros trabajando dentro y fuera del casco,

         Sus herramientas esparcidas por todos lados, el ancho tala-
dro, la barrenilla, la azuela, los pernos, el cordel, la escuadra,
el escoplo, el cepillo de carpintero.


         ¡Las formas se alzan!
         La forma que se mide, asierra, cepilla, junta, pinta,
         La forma del féretro en el que la muerte será acostada con
su sudario,

         La forma que se ha destacado en columnas, en columnas
de cama, en las columnas del techo de la desposada,

         La forma de la pequeña pila, la forma de la báscula, la
forma de la cuna del infante,

         La forma del piso de la casa familiar donde conviven cor-
dialmente los padres y los hijos,

         La formas del techo de la mansión donde habitan el hombre
y la mujer, jóvenes y felices, el techo que recubre la pareja
recién desposada,

         El techo que resguarda la comida gozosamente preparada
por la casta esposa, y gustada gozosamente por el esposo
casto, con la alegria de haber concluido bien la jornada.


         ¡Las formas se alzan!
         La forma del lugar en que se halla de pie el prisionero, en
la sala del tribunal, y de los que están sentados,

         La forma del mostrador del bar sobre la que se apoyan el
joven alcoholista y el borracho viejo,

         La forma de la escalera vergonzosa e irritada al contacto
de los pies que se esquivan bajamente,

 
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         La forma del silencioso canapé donde se ha ocultado la
miseria de la pareja adúltera,

         La forma de la mesa de juego, con sus ganancias y sus
pérdidas diabólicas,

         La forma de la tarima junto a la horca, para el asesino ya
juzgado y condenado, y el asesino que sube a ella, con el
rostro huraño y los brazos liados,

         La autoridad a un lado en compañía de sus asesores, al
otro lado la multitud silenciosa, pálida de contenida emoción,
y la cuerda que se balancea.


         ¡Las formas se alzan!
         Formas de puertas dando paso franco a todas las entradas
y las salidas,

         La puerta que abre y cierra tras sí, apresurada y palpintan-
do al amigo, largo tiempo separado del amigo,

         La puerta que deja pasar la buena o la mala nueva,
         La puerta por donde el hijo abandonó la casa lleno de con-
fianza en sí,

         La puerta por la que entró, después de una larga y escan-
dalosa ausencia, enfermo, consumido, despojado de su pureza
y sus recursos.


         La forma se alza por sí misma, el alma
         Está menos protegida que nunca; sin embargo, más prote-
gida que nunca,

         Las ordinarieces y las manchas entre las cuales se mueve
no la tornan grosera ni sucia,

         Cuando pasa conoce los pensamientos, nada le queda oculto,
         Por ello no es menos previsora ni menos amistosa,
         Es la más amada, sin excepción, no tiene por que temer ni
nada teme,

         Los juramentos, las disputas, las canciones entrecortadas
de hipos, las palabras injuriosas no la ofenden ni las oye,
cuando ella pasa,

         Ella es silenciosa, está llena de sí misma, nada de ello le
ofende,

         Acepta eso como lo aceptan las leyes de la Naturaleza, ella
es fuerte,

         También ella es una ley de la Naturaleza, y no hay ley
más poderosa que ella.

 
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         ¡Las formas capitales se levantan!
         Formas de la total Democracia y coronamiento de los siglos,
         Formas eternamente proyectadas de otras formas,
         Formas de ciudades viriles y violentas,
         Formas de amigos y de constuctores de hogares alrededor
de la tierra,

         ¡Formas que abarcan la tierra y abarcadas por toda la
Tierra!



 
Mira tú que reinas victoriosa

         Ahora que reinas victoriosa sobre las cumbres,
         Desde las cuales contemplas, con poderosa frente, el
mundo

         (El mundo, ¡oh Libertad! que inútilmente conspirara con-
tra ti),

         El mundo, cuyos innumerables sitios y asaltos resistieras;
         Ahora que culminas, dorada por el sol deslumbrador,
         Ahora que avanzas con augustos pasos, sana, suave, fuerte
y floreciente,

         En estas horas supremas para ti
         Mira lo que te ofrezco:
         No es un poema de continental orgullo, ni un himno exta-
siado y triunfal,

         Te traigo un búcaro de estrofas, conteniendo las tinieblas
nocturnas y las llagas arrasadas de sangre.

         Y los salmos de los muertos.
 
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A un burgués

         ¿Qué es lo que pretendéis de mi? ¿Versos acaramelados?
         Buscáis en mi obra las lánguidas y plácidas estrofas caras
á los burgueses?

         ¿Os ha parecido tan difícil seguiurme hasta aquí?
         Pues bien: habéis de saber que no he cantado hasta ahora
ni cantaré jamás de modo que podáis seguirme y compren-
derme

         (Yo he nacido de los mismos elementos que han engendra-
do la guerra; para mí el redoble de los tambores es una mú-
sica inefable, adoro el himno fúnebre y marcial,

         Que acompaña con su lenta lamentación y sus convulsivos
sollozos los funerales del oficial);

         ¿Qué significa para un hombre como vos, un poeta como yo?
         Dejad, dejad mis cantos:
         Id a que os arrullen con lo que podéis comprender: aires de
baile y tonadillas de piano:

         Yo no arrullo ni columpio a nadie, por lo mismo no po-
dréis comprenderme jamás.



 
Año que tiemblas y vacilas ante mí

         ¡Año que tiemblas y vacilas ante mí!
         El viento de tu estio fué bastante cálido; sin embargo, el
aire que respirábamos me pareció de hielo,

         Una densa sombra se interpuso entre el sol y yo para en-
tenebrecerme;

         ¿Tendré que trocar mis triunfantes cantos? me dije a mí
mismo.

         ¿Tendré que aprender a cantar los fríos himnos fúnebres de
Los vencidos?

         ¿Y los salmos sombríos de la derrota?